domingo, 13 de abril de 2014

DILE AL MUNDO QUE LO SIENTO (6-7)

MONSTRUOS.
La calma de la noche es rota por los gemidos desesperados que solo una voz infantil puede emitir. El pequeño Pedro se lleva una mano a la garganta en un vano intento de introducir algo del preciado oxígeno que reclaman sus pulmones. Lágrimas de desesperación surcan su aterrado rostro. "No, así no" piensa el niño durante sus últimos segundos antes de que su cerebro se funda como una bombilla y el corazón dé por finalizada su jornada.

Y tú, feo y terrible monstruo que vive bajo su cama lloras de impotencia al no poder hacer nada. Por no tener ningún derecho a salvar a esa pequeña criatura cuya imaginación  permite que existas. Ocultas tu rostro entre tus horribles garras engañándote a ti mismo al no querer ver, al no admitir  que lo que ocurre a apenas unos centímetros de ti es tan real como tu existencia.

Y lloras. Lloras recordando la razón que tenia la mamá de Pedro al advertirle que escupiera ese maldito chicle antes de meterse en la cama.

MAS LEÑA AL FUEGO.
El joven leñador evade la brisa invernal calentándose en la hoguera que el mismo a preparado con aquel andrajoso muñeco de madera que encontró abandonado en el camino junto a una botella de whisky barato.

Resulta incluso irónico pensar que si no hubiera alardeado de su habilidad en el oficio cercenando la cabeza de un único tajo en primer lugar, muy probablemente hubiera sido él el que necesitara del preciado alcohol para convencerse a si mismo que aquel trozo de madera no estaba gritando entre llantos etílicos algo sobre ser un niño de verdad y que su tío debía estar preocupado por el.

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