martes, 21 de febrero de 2017

Reseña: DIOSES Y CORDEROS de Manuel Amaro Parrado.



Autopsias Literarias del Dr. Motosierra presenta:

DIOSES Y CORDEROS de Manuel Amaro Parrado

Se dice que los antiguos egipcios inventaron el laberinto no para despistar a los ladrones de tumbas, sino a la propia Muerte. En sus últimas moradas no guardaban solo tesoros materiales, sino también su bien más preciado: el alma. 

La arquitectura que erige Manuel Amaro Parrado en Dioses y corderos sigue los principios del laberinto. Deslumbrado por los frescos de la antesala, el lector va adentrándose por sus corredores hasta que ya es demasiado tarde: para cuando descubre la conexión entre las distintas estancias ya no hay vuelta atrás. A través del diálogo entre las historias, una magia ancestral ha surtido efecto. Tan solo queda seguir adentrándose hasta el corazón mismo del laberinto para enfrentarse a su misterio final: quiénes son los dioses, y quiénes los corderos. 

Este libro no es una antología de relatos. No es un fix-up, ni una mera recopilación. Es un viaje distinto al Apocalipsis, un mosaico único, un rompecabezas que no muestra su última carta hasta el instante final. 

Dioses y corderos es, en definitiva, un laberinto. Un laberinto con monstruo, con rincones espeluznantes, con estancias que nos hacen abrir los ojos ebrios de fascinación, con tesoros ocultos e inscripciones misteriosas. Un laberinto con ánima. 

Un laberinto abierto para quienes osen entrar en él.

Muchas veces se ha jugado con la idea de que el mundo (Ya sea Dios, la Madre Naturaleza o un científico loco con alardes de grandeza el que en ese momento se considere dueño y señor de todo lo que la vista alcanza) se ha cansado de nuestra existencia y decide que no hay nada tan divertido como crear nuevas maneras de llenar nuestros corazones de terror, recordándonos que seguimos vivos solo porque alguien lo permite. Si bueno, hay otra creencia que dice que fueron las religiones quienes inculcaron dichos miedos a los hombres para ganar adeptos, y de paso algo de calderilla, pero qué queréis que os diga, mi idea me parece más romántica...
Lo importante de esta idea es que la mente humana siempre ha ido varios pasos más allá que cualquier elemento externo a la hora de buscar una excusa para producir miedo a sus semejantes. Somos una especie cruel, reconozcámoslo, capaz de imaginar horrores que si bien para el que crea las historias pueden suponer apenas una idea pasajera, para una mente menos preparada puede suponer un mazazo que convierta en pequeños pedazos su frágil moral y limitada imaginación.

De todo esto podemos esperar entonces que cuando estemos ante la imagen o idea más terrorífica que hayamos visto nunca, es casi seguro que provenga de una mente humana, y si no, sabemos de todos modos que siempre alguien será capaz de superarlo. El hombre así se convierte en un lobo para el hombre, y al mismo tiempo se otorga poderes casi divinos al verse como un dios que domina la mente de sus iguales con miedo, un miedo a lo desconocido que ha sobrevivido a eras, pero también un miedo a la imaginación de uno mismo, porque seguramente todos alguna vez hayamos sentido un escalofrío al darnos cuenta de lo terrible que pueden ser estas ideas... y eso, Manuel Amaro es lo que usa a su antojo al construir los relatos de DIOSES Y CORDEROS.

Los que ya han leído la sinopsis, oído hablar de este título o directamente vivido la experiencia de su lectura sabréis que ésta no es una antología de relatos de terror al uso. Si, hay relatos. Y si, son de terror en su mayor parte, pero DIOSES Y CORDEROS tiene la peculiaridad (Que no la absoluta exclusiva, tampoco exageremos) de que todos los relatos están relacionados entre sí de una manera u otra, lo que comúnmente se conoce como Fix-up, y lo que convierte su lectura no solo en el entretenimiento que supone consumir con variable placer una historia tras otra, sino en el ejercicio imaginativo que supone adivinar antes de que el autor nos dé las pistas suficientes cuales son los nexos o qué une unos acontecimientos con otros.

El mismo prologuista, Juan Ángel Laguna Edroso, compara este trabajo de Manuel Amaro con un laberinto, una metáfora relativamente acertada, ya que si bien ambos elementos poseen ciertas semejanzas, también están presentes algunas diferencias. Los laberintos son por lo general monótonos, y a la larga aburridos, atributo que se usa para buscar la desesperación y el hastío de quien en él se sumerge. Sin embargo, DIOSES Y CORDEROS se compone de historias y atmósferas por lo general muy diferentes entre sí (salvo un hilo concreto que ejerce de desembocadura de muchos de los relatos) que consiguen que dicho aburrimiento no llegue a alcanzarnos. Personalmente yo compararía la estructura del trabajo de Amaro con una aventura gráfica. De las que disfrutan de multitud de ingredientes propios del survival horror, pero también de las que dan a los protagonistas la importancia que merecen, acercando la aventura a algo más próximo al terror psicológico y donde dichos personajes deben recorrer un camino correspondiente, recogiendo objetos y enfrentándose a enemigos, equivocándose en sus decisiones y rectificando, recuperando retazos de recuerdos, piezas de un puzzle que ayudan al jugador o lector como es el caso, a completar la historia y a descubrir el por qué de todo. Sin olvidarnos claro está, del obligado protagonismo del miedo.

Un miedo que por cierto viene reflejado a la perfección en el título, ya que DIOSES Y CORDEROS trata de eso, de como el ser humano, a través de historias que tratan el terror tanto en su expresión sobrenatural  como en el cotidiano puede ser corrompido cuando dispone de un poder, cualidad o posición que le sitúe por encima de los demás, como un dios ante su rebaño, como un niño con una lupa junto a un hormiguero. Amaro explora el lado más oscuro del hombre, poniéndole en situaciones límite y dejándole libertad total para reaccionar, lo que al final termina retratándole como una criatura de principios, egoísta, que opta por la necesidad (a veces la de sentirse superior) antes que por el deber. De este modo, los relatos que componen esta colección toman de base temas ficticios, a veces de corte fantástico, y construye con ellos un retrato terroríficamente real de la sociedad en la que los héroes no existen y las buenas acciones pertenecen al pasado.

Leer DIOSES Y CORDEROS es abrir una puerta tanto a la imaginación como al recuerdo. Las historias son originales, pero cierta patina tradicional lleva al lector a encontrar no pocas influencias, donde es fácil recordar las historias que hicieron famoso a Richard Matheson (Una Conversación Trivial) e incluso algún relato de Roald Dahl y sus RELATOS DE LO INESPERADO (El Cerco) acercándose a veces más al homenaje que a la simple referencia.

Obviamente no voy a analizar todas las historias de DIOSES Y CORDEROS, ya que diseccionar cada una de ellas supondría un riesgo a la sorpresa, siendo lo más seguro que termine desvelando parte de la trama principal que comparten, un apoyo entre historias este que acaba convirtiéndose en el principal salvavidas y atractivo del conjunto.
Resalto este aspecto porque tengo que admitir que algunos de los relatos me hubieran pasado de manera bastante desapercibida y argumentalmente se leerían sin pena ni gloria si no fuera porque sus pilares principales se apoyan en otras tramas que antes o después descubrimos. Son el caso de capítulos como Sujeto Darwin o El Hombre que burló al Caos, historias que si hubiera leído sueltas en otras antologías hubiera a buen seguro criticado su falta de extensión o lo poco aprovechado del trasfondo, pero que juntos en este tomo consiguen anticiparse a mis opiniones.

El orden aleatorio de las historias, evitando dárselo todo mascadito al lector hasta el punto de acabar el libro dejando huecos sin llenar de información o la extraña naturaleza de los acontecimientos así como de su protagonistas sirven para mantener vivo el suspense, pese a cierta previsibilidad ya sea intencionada o no, provocada en muchos casos por esa sensación que comentábamos anteriormente por recuerdos pasajeros causados por la multitud de referencias de las que se alimenta la imaginación de Manuel Amaro.
DIOSES Y CORDEROS puede presumir sin duda de ser variado, de mostrar distintas facetas de terror y misterio, algo que en un escritor poco experimentado puede resultar demasiado evidente y mal disimulado a la hora de hilar historias, con cambios de ritmo demasiado bruscos y exageradas escenas de acción llenas de sangre y casquería en contraposición a un relleno inevitable. Por suerte, Amaro sabe mantener una velocidad bastante constante, con cambios de marcha ya sea para acelerar o frenar de manera muy puntual, jugando las distintas cartas que posee para hacernos saltar entre la credibilidad y la fantasía más exagerada. Quizá es por ello que tenga tan claro cuales han sido mis relatos favoritos, aquellos que optan por resolverse con duelos de palabras en lugar de con salvas de tiros y cuchilladas, donde el aspecto sobrenatural, a veces mínimamente presente es la baza que hace que el personaje decida y actúe en consecuencia de sus propios actos. Tics, o los ya mencionados Una Conversación Trivial o El Cerco son ejemplos de lo que intento explicar.

Saco de Huesos es una editorial que se ha tomado la costumbre de decepcionarme en muy pocas ocasiones. Ésta, por suerte no es una de ellas, por lo que tengo que admitir que de la mano de Manuel Amaro Parrado nos ha traído una historia o colección de historias que deja un muy buen sabor de boca. A veces de manera experimental y en otras ocasiones directo y crudo como un filete ensangrentado abofeteando tu cara, DIOSES Y CORDEROS es una manera magnífica de descubrir a un autor que apunta maneras, de esas que no son del gusto de todo el mundo.

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