miércoles, 1 de febrero de 2017

Reseña: ESTADOS UNIDOS DE JAPÓN de Peter Tieryas.



Autopsias Literarias del Dr. Motosierra presenta:

ESTADOS UNIDOS DE JAPÓN de Peter Tieryas.

Hace unas décadas, Japón ganó la Segunda Guerra Mundial. Los estadounidenses adoran a su infalible emperador y nadie cree que la conducta de Japón en la contienda no fuera ejemplar. Nadie excepto los George Washingtons, una facción proestadounidense que intenta recuperar la gloria de los viejos Estados Unidos. Su última táctica subversiva es distribuir un videojuego ilegal que pide a los jugadores que imaginen cómo sería el mundo si Estados Unidos hubiera ganado la guerra.

El capitán Beniko Ishimura, censor de videojuegos, se dedica a captar posibles traidores, cuando un día recibe una misteriosa llamada del general Mutsuraga, al que sirvió hace muchos años, y su vida se convierte en una montaña rusa que le llevará a conocer a Akiko Tsukino, una oficial de la policía de Tokio que intenta descubrir la relación de Ishimura con el videojuego United States of America, que algunos insurgentes están usando para avivar el nacionalismo estadounidense. Los orígenes del videojuego subversivo son aún más polémicos y peligrosos de los que nadie sospecha.

Lo mío con el país del sol naciente es una relación de amor y odio. Japón ha sido desde mi más tierna infancia una referencia constante en mi educación cultural. El manga, el anime, el cine nipón e incluso la música oriental y los videojuegos me han dejado unas raíces muy profundas, algo por otro lado normal si tenemos en cuenta que yo era un chaval que pasaba más horas dedicándolas a la televisión y a la consola que a los estudios. No niego que series como Dragon Ball, Galaxy Espress 999 o Urotsukidoji (Ejem...) y videojuegos como Metroid, Castlevania o Ranger X entre muchos otros han supuesto un detonante para que la ciencia ficción y la fantasía sean algunos de los géneros literarios que más consumo en la actualidad.
Pero todo lo bueno tiene su lado oscuro. Viví una época en la que el termino Otaku en España representaba a la perfección su verdadero significado. En aquel entonces eramos bichos raros, con gustos y aficiones poco comunes que en nuestro país aun asomaban apenas la patita con cierto miedo. En la actualidad lo que significa ser un otaku se ha desvirtuado y nuestros padres han terminado cambiando el "Ya estas viendo los dibujos chinos esos" por " Ya te estas disfrazando como un chino de esos".
En el producto principal también se nota esto. el nuevo anime de estreno no deja de ser una copia de una copia de otra serie y del cine de terror mejor no hablemos, al menos del abuso de recursos que terminan en estructuras casi calcadas unas de otras.
Al final, el entretenimiento nipón de nuestros días parece creado exclusivamente para su consumo indiscriminado en forma de merchandising y demás contenido, ofreciendo tramas simples plagadas de relleno, listo para ser degustado por mentes simples (Hay excepciones, lo aclaro antes de que las comunidades otakus empiecen a encender antorchas y afilar guadañas) de chavales que, antes de empezar a salirles pelo en sus partes ya están imaginándose de mayores, viviendo en Japón y disfrutando del paraíso donde todo es luces, colores, rayos láser por las orejas, chicas vestidas de colegialas y pulpos adictos al porno.

A estos mismos chavales me gustaría verlos en el imperio en que Peter Tieryas ha convertido su adorado cielo friki en ESTADOS UNIDOS DE JAPÓN.

Que la editorial Nova es una maestra creando hype (no siempre justificado en el resultado final) no es nada nuevo para nosotros, y la obra de este escritor asiático americano no podía quedarse corta a la hora de anunciarse como uno de los mayores trallazos del año dentro de la ciencia ficción. Aunque la verdad, conmigo no hace falta que se esfuercen cuando me ofrecen una novela que mezcla videojuegos, mechas, y futuros alternativos. ¿Y que he encontrado? Pues una novela cuyas expectativas no estaban infundadas pero a la que le falta un larguísimo trecho para convertirse en ese clásico instantáneo e irrepetible del que algunos hablan ya.

ESTADOS UNIDOS DE JAPÓN es una historia que moldea la realidad de nuestra actualidad e imagina un presente en el que Japón, declarándose ganadora de la segunda guerra mundial extiende un imperio de libertad y poderío en America, fundando los cimientos de un nuevo mundo. Un mundo con el que, como es obvio, no todos estarán de acuerdo y ya se sabe que los americanos no tienen muy buen perder. Un escenario este de lo más atractivo y que ha llevado a la obra a ser apodada como la secuela espiritual de EL HOMBRE EN EL CASTILLO de Philip K. Dick. Vamos, que nada podría fallar, ¿Verdad?... Pues por desgracia sí que falla en algo importante.

Los que me conocéis estaréis hartos de oírme decir que una de las cosas que más valoro en una novela son los personajes, pero no es lo único en lo que fijo mi atención. El nexo entre la trama principal y el trasfondo en la que esta ocurre es también un  factor definitorio a la hora de valorar una obra, y la novela de Peter Tieryas tropieza con esta piedra y cae rodando por un precipicio plagado de salientes afilados y hiedras venenosas. Así, para definir el conjunto que compone ESTADOS UNIDOS DE JAPÓN podría retomar lo dicho en la reseña de LUNA de Ian Mcdonald (Otro supuesto bombazo destinado a hacer historia y que al final no ocupó ni un renglón) porque la conclusión a la que he llegado es la misma. Hablando en plata, estamos ante una historia de mierda con una ambientación cojonuda.

Nos trasladamos a una actualidad (aunque la novela realmente ambienta casi todo su contenido a finales de los años ochenta) en la que Japón se ha convertido en la mayor potencia del mundo mundial, y en apariencia la única. Una supremacía de la que se han beneficiado factores como la tecnología, altamente avanzada, que no descabellada, lo que Tieryas usa como baza para aportar realismo y dar más credibilidad a su mundo. Las clases sociales, por otro lado, también sufren algún tipo de cambio, siendo este un gobierno altamente militante, la línea que separa las clases altas de las bajas se ensancha, y los ricos parecen vivir en un sueño donde la libertad alcanza cotas casi grotescas, ignorando incluso cualquier tipo de valor moral y ético. Una libertad solo aparente. Una fe posicionada por el endiosamiento de su emperador y la búsqueda y eliminación de cualquier elemento que amenace la estabilidad de los Estados Unidos de Japón, hacen que reine una censura inquisitorial que alcanza incluso al pensamiento y creando lo que para uno es un paraíso, para otro es el peor de los infiernos. Todo esto conforma un cuadro que critica la tiranía y la opresión de los poderosos, así como el extremismo religioso y el amordazamiento del pueblo convirtiendo sus vidas en pura servidumbre, alineados por el entretenimiento que producen los juegos portátiles y el culto a una historia que pocos cuestionan... por su bien.

Tristeza, impotencia y sobre todo rabia son sentimientos que el autor consigue arrancarnos de cuajo por medio de relatos y situaciones desgarradoras que ningunean la vida y el recuerdo, no escatimando en el uso de imágenes desagradables y grotescas en un festival de gore y sangre derramada para presentarnos personajes atípicos, crueles y egoístas, pervertidos y deformados por las manos del imperio nipón para su total vida dedicada al servicio. ¡Ah! no estoy hablando de los villanos, sino de los héroes de la historia.

Todo esto sumado a un apartado artístico que bebe directamente del cyberpunk de Masamune Shirow (Ghost In The Shell), Katsuhiro Otomo (Akira) o el mismo Philip K. Dick (Blade Runner), grácilmente retratado y descrito, convierte a ESTADOS UNIDOS DE JAPÓN en una experiencia sensorial y visual casi inolvidable.



Y es que de eso trata la novela, de buscar una excusa o un hueco libre para llenártelo de nuevos detalles que describen el trasfondo en que se mueve una trama protagonizada por Ben Ishimura bastante simplona. Una historia sobre lealtad, traición, de búsqueda de la verdad a través de un viaje lleno de pruebas... y también lleno de clichés, tópicos y escenas recicladas hasta la saciedad. Eso sin hablar del abuso del Deux ex machina, un recurso por el que el mismo autor se disculpa por su descaro en cierto momento de la historia.
Su argumento nos deja fríos, incluso los momentos donde deberíamos sorprendernos por el giro de los acontecimientos apenas consigue hacernos parpadear. No por la previsibilidad, sino por desinterés. Y bueno... si llegamos a un punto en que el destino de los protagonistas nos importa poco o nada, es que algo no funciona del todo bien.

Lo que si me ha sorprendido es la abundancia de acción en la novela. No quiero decir que ESTADOS UNIDOS DE JAPÓN sea un desenfreno de fuego y muerte y dosis descontroladas de adrenalina, pero en comparación con las nuevas vertientes de ciencia ficción que tienen más paja que un culebrón venezolano, pues en ciertos momentos es de agradecer. Persecuciones, tiroteos, batallas de robots gigantes (Muchas menos de las que pueda esperar alguien que se guíe demasiado por las portadas, pero presentes) terminan viéndose más como homenajes al mundo de la ficción japonesa que como elementos esenciales en la historia.
Una acción que por cierto es trasladada también a los videojuegos, un formato esencial aquí, usado en este caso con un fin más dirigido al entretenimiento, distracción y lo propagandístico que a objetivos científicos y conceptuales como ocurre en novelas como EL PROBLEMA DE LOS TRES CUERPOS de Cixin Liu. Y más creíble, por cierto.

ESTADOS UNIDOS DE JAPÓN no es una novela de ciencia ficción hard, sino ucrónica y hasta cierto punto especulativa. No es nada difícil seguir el transcurso de los acontecimientos gracias a la narrativa sencilla y efectiva de Peter Tieryas, que sabe cuando ser directo y cuando regodearse en el momento. Ventajas todas estas que lo convierten en un libro disfrutable tanto para amantes del género como para fans del anime más futurista. Me atrevería a aventurar incluso que muchos que adquieran la novela "engañados" por la ilustración de la portada descubrirán en el trabajo conceptual de Tieryas algo mucho más intenso y profundo que 200 toneladas de acero dándose mamporros. Igual abren los ojos a un presente y/o futuro fictício pero que cada día acorta más sus pasos con la realidad.

Un excelente trabajo de ambientación y puesta en escena que, por desgracia no ha sido explotado como merecía, ofreciendo al lector una aventura insustancial y simple que en lugar de ayudarse de los medios que él mismo va creando, parece emperrado en ponerse en medio de la imagen en los momentos que la disfrutamos y volver incesantemente por mucho que le pidamos que se aparte.


Pero oye, al menos Nova no ha incluido a ninguna "celebridad" elogiando la obra en su faja con textos tipo:

 Esta novela mola un montón porque las cosas explotan y la gente muere como hormigas en un incendio.

Michael Bay


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