martes, 27 de junio de 2017

Ganador sorteo CENIZAS de Juan de Dios Garduño.

Y llegó el momento. Sois muchos los que habéis participado y por ello os estamos inmensamente agradecidos. Pero como decían en una famosa saga, "Solo puede quedar uno", y tras hacer recuento y dejar la suerte a manos de Sortea2, la afortunada que va a llevarse a casa el ejemplar firmado y dedicado de CENIZAS de Juan de Dios Garduño es:


Felicidades a Anita Moreno Medina. En breve contactaremos contigo para hacerte llegar tu ejemplar y que lo disfrutes lo antes posible.
Y a los demás, daros de nuevo las gracias por tan numerosa participación, pero no deseperéis, estamos planeando varios concursos, y puede que alguno de ellos os haga sudar la gota mucho a vosotros y a vuestro talento.

¡Nos vemos en la siguiente reseña!


jueves, 22 de junio de 2017

SORTEO: CENIZAS de Juan de Dios Garduño

Ante la inminente salida de Cenizas, la nueva novela de Juan de Dios Garduño y esperadísima segunda parte de Y PESE A TODO, le hemos echado un poco de morro y hemos robado uno de sus ejemplares de su sala de alta seguridad y, como es lógico, se lo vamos a poner difícil para recuperarlo de modo que alguno de vosotros se lo pueda llevar a casa dedicado por el autor... al menos con una petición de rescate.



Para conseguirlo solo tenéis que seguir los siguientes pasos:

 - Dale a ME GUSTA a la página de Facebook de AUTOPSIAS LITERARIAS DEL DR. MOTOSIERRA.

 - Comparte de manera pública en tu muro el POST oficial del concurso.

 - Escribe un comentario en el POST oficial ETIQUETANDO a dos amigos con los que lucharías contra los albinos,

Tenéis hasta el lunes 26 de junio a las 23:59 para participar y tener la oportunidad de llevaros este ejemplar firmado a casa.

¡¡¡MUCHA SUERTE!!!

miércoles, 21 de junio de 2017

Reseña: TRANSCREPUSCULAR de Emilio Bueso.



Autopsias Literarias del Dr. Motosierra presenta:

TRANSCREPUSCULAR de Emilio Bueso.

Esta es la historia de una búsqueda más allá del ocaso que arranca con el canto de los caracoles, entre huertos surcados por escarabajos de tiro, que deja atrás los establos de libélulas y refugios de tormenta, los templos de los animistas y los círculos de dólmenes de los astrólogos, y que se adentra por los laberintos del hielo siete y bosques de helechos plagados de arañas gigantes. Es la historia de un viaje desquiciado en busca de respuestas a preguntas que nadie comprende hasta el final de las tierras en las que nunca sale el sol. Somos un grupo pequeño: mi señora y su brujo; un forajido ventrílocuo; mi babosa, mis espadas y yo mismo. Y cargamos el peso del mundo en los hombros. 

La simbiosis como posible motor evolutivo es el gran descubrimiento implícito de Transcrepuscular, la última propuesta narrativa de Emilio Bueso y la primera entrega de una trilogía de ciencia ficción en la que pone en evidencia la visión etnocentrista del mundo que tienen los humanos asilvestrados. Bueso abraza el formato de una road movie y, en medio de una narración pirotécnica, se sirve de sus personajes para mostrar diferentes estructuras sociales de explotación y denunciar los procesos de adoctrinamiento y supervivencia sobre los que se asientan sus personalidades. Una nueva y espectacular novela del autor de Cenital, Esta noche arderá el cielo y Extraños eones.

Existe una aparente (digo aparente porque no descarto que todo esto sea fruto de mi imaginación) costumbre y habilidad dentro del mundo de las historias escritas de poner en boca, oídos y ojos de los lectores términos y conceptos que han existido desde hace mucho tiempo, haciéndonos creer que son palabras nuevas y nosotros unos privilegiados por ser conocedores de ellas y así poder entrar en cualquier discusión sobre significado, veracidad, sentido o métodos de aplicación.

¿Recordáis cuando hace unos años se publicó en España LA CASA DE HOJAS de Mark Z. Danielewski? De repente todo era escritura experimental, metaliteratura..., los lectores le buscaban el doble o el triple sentido a todo y muchos escritores practicaban origamis con sus textos, llenándolos de florituras y chuminadas que sacaban de quicio al maquetador más experto. Poco después ocurrió algo similar con las historias distópicas, gracias a las cuales los foros y redes sociales se convirtieron en auténticos circos de payas... de gladiadores que combatían por definir el término, clasificar lo que era distopía de lo que no, de lo que era un simple futuro postapocalíptico o una especulación, y mientras tanto, los autores llegaban sonrientes con su nuevo libro bajo el brazo y terminaban volviendo cabizbajos, replanteándose su porvenir en la literatura y su fe en la humanidad. Y suma y sigue... hasta hoy, un periodo en que al parecer la literatura de género parece gozar de buena salud y donde ha vuelto a la actualidad un termino que existe desde que a alguien se le ocurrió pensar que el mundo real se había quedado demasiado pequeño y gris para contar historias y, en pos de poner a toda máquina su imaginación y por ende la curiosidad del lector, decidió crear mundo nuevos, con todo lo que ello conlleva: Flora, fauna, razas, sistemas de gobierno, clases sociales, arte, industria, idiomas, ciencia...

Toda obra literaria basada en ficción tiene siempre algo de Worldbuilding, e incluso las historias basadas en hechos reales no carecen de momentos en que la manipulación del espacio, el tiempo y la interacción de los personajes que forman parte de ella se verán de algún modo modificados o alterados a favor de la narración, creando así un mundo nuevo que ha abierto una ventana a una posibilidad que se le podría haber negado.

Pero ni siquiera la creación de mundos nuevos o reconstruidos de los reales está exento de polémica, de detractores que critican, ya no el hecho de que el escritor de turno juegue a ser Dios con el poder casi ilimitado que le da la imaginación, sino con el exceso que a veces muestra en la exposición de tal "magia". Son a esos defensores del "deja eso como está, no la líes más", del "Juego de Tronos mola porque es realista" a los que me imagino leyendo el último trabajo de Bueso y mi consecuente descojone al ver sus cabezas explosionando. 

TRANSCREPUSCULAR es uno de esos títulos que ya antes de estar en la calle se proclama candidato y favorito al galardón especial de la novela más esperada y que mayor expectación ha creado del año... bueno, de éste y del pasado para ser francos, y no sólo por estar hablando del nuevo trabajo de Emilio Bueso, algo que siempre suele ser señal de garantía, sino que tampoco se podría dejar pasar por alto la manera en la que la obra prometía alejarse de todo a lo que nos había acostumbrado con novelas como DIÁSTOLE, CENITAL o EXTRAÑOS EONES, introduciéndose esta vez en la fantasía con toques de ciencia ficción. Eso, sumado a que la editorial encargada de publicar la novela, Gigamesh, es de esas a la que cada cierto tiempo hay que recordarle que aquí en España también se escribe, y bastante bien, dio como resultado uno de esos objetos de culto que antes de que nadie lo tuviera delante ya coleccionaba sus cinco estrellitas y sus máximas puntuaciones en toda la red.

Y no nos olvidemos de su edición: 800 copias plateadas y 200 doradas, estas últimas numeradas y garabateadas por el escritor. Ambas ediciones con tres portadas distintas y de tirada única. Más de uno seguro que se sacaría de la manga la absurda idea de que cuidar el continente de manera descontrolada es únicamente para compensar la falta de contenido, perjudicado por el exceso de hype producido y potencialmente decepcionante para esa peculiar raza de lectores de piel tan fina como el papel que esperan de TRANSCREPUSCULAR la lectura del año, y punto.

Y ahí estaba yo, desempaquetando mi ejemplar dorado numero 168 y con un valor en el mercado de 42 euros, poniéndome cómodo y dejando que mi mente se zambullera de cabeza al que se dice el libro más loco de Bueso, devorando página tras página, no viendo la hora en que acabara mi jornada laboral para seguir con la lectura. Pocas sesiones después, leo los últimos párrafos, cierro el tomo con suavidad y me quedo varios minutos reflexionando sobre todo y sobre nada mientras degusto un café. Al poco rato me levanto, me acerco a mi pila de lecturas pendientes, escojo uno no precisamente al azar y abro la primera página... ¿Habéis visto ya donde está el problema?

He leído casi todas las novelas de Emilio Bueso (aunque sigo teniendo clavada cierta astilla llamada NOCHE CERRADA) y siempre he tenido a su obra como lecturas que requieren una posterior terapia y rehabilitación. ¿Cuántas veces he comparado la resaca que provocan sus lecturas con una paliza en un callejón oscuro? No pocas, y en cierto modo esperaba que en esta ocasión no fuera muy distinto... y me equivoqué. Sí, he disfrutado muchísimo de TRANSCREPUSCULAR, me ha hecho evocar imágenes de lo más extrañas y atractivas a su modo. Su historia, pese a no marcar un rumbo prefijado hacia un objetivo que tengamos claro, me ha enganchado a sus páginas de principio a fin sin que por medio tenga que lamentar momentos de pesadez o aburrimiento, pero me ha dejado con la sensación de que Bueso me ha excluido de la lista de perjudicados y damnificados de la historia. He echado de menos el que entre los objetivos más allá del mero entretenimiento no se encontrara el querer hacerme daño, reflexionar sobre las distintas interpretaciones de lo leído mientras me lamía las heridas provocadas en el camino.

No obstante, esto no quiere decir que TRANSCREPUSCULAR no tenga momentos en los que la ficción mire con ojo crítico a la realidad y aproveche numerosas ocasiones para sacar la pancarta oportuna, protestando, criticando situaciones y/o comportamientos que forman parte del día a día de nuestra vida, dando unos resultados cuanto menos llamativos aplicados al mundo que Bueso ha construido para nosotros.

Porque por encima de todo, esta novela, dejando aparte etiquetas que intentan clasificar esta locura como Sword & Planet o Biopunk, es una novela de fantasía de corte de lo más tradicional, un viaje por episodios de progresión y evolución personal presente pero poco marcado. En otras palabras, Bueso recupera la trama en la que un grupo de "héroes" deberán recorrer un mundo inhóspito y lleno de peligros, personajes que por lo general apenas pueden mirarse a la cara al comienzo pero que poco a poco y gracias a la experiencia y las confesiones que se desarrollan en la trama terminan encontrando sentimientos que creían ocultos y blablabla... Una odisea episódica que apenas varía en su estructura. Es decir: los protagonistas llegan a un lugar cuya descripción nos ayuda a conectar un poco más con el trasfondo del mundo donde se ambienta la novela, terminan pasando cosas (generalmente chungas) que de una u otra manera supondrán una revelación y un aprendizaje que más adelante les ayudará en su objetivo final. Y ya está. En principio parece la premisa más antigua y simple del mundo, pero no os alarméis, es que lo es. Pero también es el aspecto en que TRANSCREPUSCULAR muestra toda su fuerza, consiguiendo en su mezcla de cuento tradicional y su apartado visual, estético, histórico y estructural, una experiencia totalmente nueva y diferente a la que se nos tiene acostumbrados.

Reíros todo lo que queráis, pero si tuviera que explicar qué es lo que entra por los ojos cuando uno lee esta novela, sería como tomarse un cóctel de drogas duras y alucinógenos y viajar a un mundo semejante a Pandora de la película Ávatar, claro está si sus habitantes hubieran dedicado su existencia a la explotación laboral y la vida bélica. Una tierra gobernada por humanos e insectos gigantes en algo que va mucho más allá de la convivencia y un repertorio de recursos y detalles que dejarían en paños menores a las más ingeniosas invenciones de las hormigas de Bichos de Pixar. Pero sin duda, uno de los elementos fundamentales para comprender cómo funciona el mundo de TRANSCREPUSCULAR es la simbiosis, una capacidad de conexión entre humano y el entorno que le rodea que va mucho más lejos y es infinitamente más ambicioso que el que vimos en la mencionada película de James Cameron. Reconozcámoslo, esto no es un "Los pitufos descubren la traición, el robo y el asesinato y se dan cuenta de que les mola mogollón", sino que Bueso se las ingenia para casi desde cero crear un universo al que apenas le falta detalle, tan basto que obviamente no puede abarcarse en su totalidad en un solo tomo de 280 páginas (Y os aseguro que hay momentos en los que la avalancha de información en ocasiones resulta excesiva o al menos apabullante).

Comentaba anteriormente que no es buena idea comparar esta novela con los anteriores trabajos del autor, porque se echa en falta algo, cierta confidencialidad directa con el lector, ganas de hacer daño, de encontrarse a sí mismo entre lineas y aparta rápido la vista ante tan repugnante panorama. Sin embargo, aunque la trama de esta historia no se aleje de un concepto cercano al sota, caballo y rey, aunque tenga claro que su objetivo por encima de todo es ofrecer un muy buen rato de entretenimiento literario, lleno de aventuras, acción, peculiares paisajes y extrañas costumbres, sí es verdad que uno siente cierta extrañeza en el recorrido, como si alguien estuviera observando, vigilando cada reacción al pasar de página, como un peculiar Gollum dentro de nuestra cabeza, advirtiéndonos de que algo va mal, que nada es lo que parece, que igual lo que hace tic tac entre nuestras piernas es una bomba sin cuenta atrás.

Y es que a fin y al cabo, eso es TRANSCREPUSCULAR. Una absoluta locura que puede presumir de su impresionabilidad, que nunca sabes por donde te va a dirigir ni te ayuda a decidir qué debes tomarte a coña y qué en serio. Y para muestra tenemos a sus protagonistas, que en un momento parecen querer rendir homenaje al reparto de Heroquest o Dragonlance y al siguiente su creador los convierte en guiñapos, burlas, parodias de la imagen estereotipada del héroe del género de espada y brujería, hasta el punto de que en más de una ocasión encontramos como punto guía y principal foco de lucidez y sentido común al que debería ser, por lógica del que más deberíamos alejarnos... y si no me creéis, bueno, ya conoceréis al trapo.

¿Es entonces TRANSCREPUSCULAR el libro más arriesgado y loco de Emilio Bueso? Pues mira, no te diría yo que no, pero también es el más tradicional, el que más se acerca a un género que puede unir en las mismas páginas acción, humor, intriga, que se guía muchísimo por el apartado visual, haciendo que el lector enfoque rápidamente lo leído a una pantalla de cine, o en este caso y creo más adecuado, a las viñetas de un cómic. ¿Es TRANSCREPUSCULAR el mejor libro de Emilio Bueso? Ni por asomo. Es más, me atrevería a decir sin parpadear que de lo leído del autor es el que menos me ha gustado (reitero para los que esperan la mínima para tergiversar palabras que esto no quiere decir que la novela sea mala), no alcanzando siquiera lo sentido leyendo la tan criticada ESTA NOCHE ARDERÁ EL CIELO. Quizá sea porque es la obra que más deambula por terrenos harto recorridos que no deja de ser reconocible por muchas capas de pintura que se le eche encima. Quizá echo en falta esa rabia que destila la obra de Bueso, que parece que en vez de pluma para escribir use un bate de baseball. Y sí, en cierto modo me ha decepcionado porque se que él puede hacerlo mucho mejor, porque es a lo que nos tiene acostumbrados, pero a raíz de esto también siento cierto consuelo. Consuelo porque a fin y al cabo solo hemos leído una tercera parte de la obra completa, la primera entrega de la trilogía LOS OJOS BIZCOS DEL SOL, consuelo por seguir manteniendo el beneficio de la duda, de no saber si la bomba ha explotado ya, o acaso TRANSCREPUSCULAR solo sea ese leve chispazo que antecede al estallido.

jueves, 15 de junio de 2017

Reseña: DE LAS CIUDADES VUESTRAS TUMBAS de Víctor Conde.



Autopsias Literarias del Dr. Motosierra presenta:

DE LAS CIUDADES VUESTRAS TUMBAS de Víctor Conde

Jarek Kôdz es un maquinista polaco, superviviente de los campos de concentración nazis, que vio algo imposible cuando era pequeño: un monstruo surgido de la noche, del frío, del horror de los campos, que se alimentaba de sangre humana.

Obsesionado por esa imagen, Jarek se pasará la vida buscando lo que él sabe que existe, es decir, los monstruos que pueblan la oscuridad. Los vampiros.

Solo que cuando los encuentre, quizá descubra que su vida esté más ligada a ellos de lo que él mismo esperaba…

Parece ser que a lo largo de los siglos la figura del vampiro, el muerto viviente que aterroriza las aldeas, asustando a sus habitantes y alimentándose de a sangre de las doncellas y que ni un protector solar factor 100 le ayudaría a disfrutar de un día de playa, ese concepto de hijo de la noche y padre de los tiempos... en definitiva, esa representación del mal más antiguo y primigenio ha ganado tanto reconocimiento y popularidad como el mismísimo Dios. Y no me refiero en este caso a su naturaleza sobrenatural o su omnipresencia en el folclore o mitología de la cultura de cualquier región del mundo, sino por su faceta de adaptación, por su habilidad de mostrar mil caras y mil historias distintas pero que a la vez siempre se refieren al mismo ser.

Son incontables las religiones, los cultos y creencias que encontramos por todo el globo, cada una con sus leyes o mandamientos, sus historias, sus deidades. No es de extrañar que el mito del vampiro sume en la actualidad varios grupos de adoración que a veces incluso van más allá de ser un puñado de frikis sin vida escuchando black metal en cementerios y bañándose con la sangre del gato del vecino. Y al igual que a las deidades a las que se les rinde culto, el vampiro ha sufrido una constante mutación en sus orígenes, características y simbología, y son campos como la literatura o el cine algunos de los que mejor plasma esta evolución traducida en variedad, ya sea por innovar, adaptarse a una trama o directamente reinventar el mito.
Desde el terrorífico concepto gótico, metáfora de todos los miedos del ser humano que nos trajo el Nosferatu de 1922, antecedido por el chupasangre más emblemático de la historia creado por el escritor Bram Stoker y reversioneado por multitud de cineastas y escritores, Drácula, transformando en ocasiones el horror de la muerte en romance, confundiendo la repulsa con deseo y creando en la figura del monstruo casi un semidios camaleónico con la habilidad de descubrir cada día un poder nuevo,... hasta los diversos caminos que la leyenda ha tomado dependiendo de su acercamiento al romanticismo o, por contra al horror más depravado. Sin olvidarnos de algunas versiones que acercan al strigoï a una naturaleza más animal y primitiva, casi zombificándolos, como son las criaturas de películas como Blade 2 o la serie The Strain (adaptación de la saga literaria NOCTURNA escrita por Guillermo del Toro y Chuck Hogan) o... Bueno, ya se sabe que hoy en día no se puede hablar de vampirismo sin mencionar a esa panda de ninis con cierta afectación dermatológica y psiquiátrica que se convierten en bolas de discotecas al contacto con el sol, pero estamos aquí para rendir tributo a uno de los seres que más ríos de tinta ha hecho correr en el género del terror, no a repudiarlos o reírnos de ellos.

A lo que quiero llegar es a lo obvio. El vampiro como icono cultural ha sido sobreexplotado, su mito ha sido tan estirado que ha terminado partiéndose en ocasiones y el único miedo que nos causa aventurarnos en una nueva novela que trate el tema es el miedo a caer dormidos. Y entonces Víctor Conde dijo: ¿Un reto?, ¿Dónde?.

No me extrañaría que a este escritor Tinerfeño se le empezara a llamar "El señor de los Monstruos" puesto que entre sus muchas facetas literarias en las que podemos incluir la fantasía épica (SANGRE BERSERKER), la literatura juvenil (HERALDOS DE LA LUZ) o la ciencia ficción (ECOS, CRÓNICAS DEL MULTIVERSO), Conde ha sabido crear un universo donde los monstruos clásicos se han adueñado del protagonismo. Títulos que, a modo de Penny Dreadfuls de la actualidad rinden homenaje a criaturas que ya forman parte íntegra del conocimiento mundial, ya sea por medio de cuentos, figuras metafóricas o creencias populares, pero siempre intentando que estas nuevas historias mantengan cierto aire personal que puedan reflejarse bien en los orígenes, el tiempo y lugar en que se ambienta la trama, etc. De ese modo, muchos ya conocen la interpretación personal de Víctor Conde de la licantropía a través de HIJA DE LOBOS, o cómo sería su apocalipsis zombi ideal gracias a NATURALEZA MUERTA, e incluso se atrevió a indagar en mundos llenos de misterios como son los que rodean la mitología marítima o la naturaleza de la brujería en HE OÍDO A LOS MARES GRITAR MI NOMBRE y EL CÓDICE DE LAS BRUJAS respectivamente.

Así que ya resultaba extraño que un icono cultural como era el vampiro aún no hubiera protagonizado alguna de sus obras. Es por eso que una novela como DE LAS CIUDADES VUESTRAS TUMBAS se esperaba con ganas y grandes expectativas, cierto temor y sobre todo con curiosidad por ver cómo el escritor era capaz de afrontar un tema tan relamido sin caer en demasiados tópicos o evitando aventurarse en los caminos fáciles que todo el mundo conoce ya al dedillo. Son en estos casos en los que resulta inevitable hacer un poco de trampa, pero si uno sabe jugar bien sus cartas puede hacer de lo más complicado su mejor baza, porque en esta novela la figura del vampiro no tiene su base en alguno de los estereotipos más básicos que conocemos, sino que Conde construye a sus chupasangres con retazos de este y de su evolución a lo largo de la historia, y como veremos pronto lo hace de una peculiar manera, explicando el trasfondo por media de la historia que narra, y no a la inversa.

Una historia que nos narra en primera persona Jarek Kôdz, el cual vivió sus primeros meses de vida en un campo de concentración nazi en compañía de su madre y de su hermano mayor y cuya vida terminaría girando en torno a los extraños sucesos que allí acontecerían y le llevaría a una incansable búsqueda de la verdad, una investigación que le llevará a descubrir mucho más de lo que su cordura pudiera abarcar.
Cabe destacar que DE LAS CIUDADES VUESTRAS TUMBAS está dividido y bien diferenciado en dos partes. La primera no solo sirve para presentarnos al narrador y protagonista, sino para ayudarnos a dar los primeros pasos a un mundo que apenas ha salido de las habladurías y leyendas mientras Jarek se encamina a una caza de brujas que tendrá como objetivo principal encontrar a esa criatura que puebla sus pesadillas desde la infancia o perder por el camino la cordura. Hay que reconocer, eso si, que esta primera parte no puede librarse de cierta "artificialidad" en su desarrollo, puesto que uno tiene la sensación de que si el protagonista consigue dar un paso adelante, si está un poco más cerca de encontrar respuestas no es por su inteligencia ni por su poder de deducción, sino porque debe tener un trébol de cuatro hojas metido en el culo. La trama tiene que recurrir en no pocas ocasiones a la suerte o la casualidad para encontrar una salida y seguir avanzando, para que todas las piezas acaben en su sitio cuando de comienzo la partida final, la segunda parte de la narración, donde el escritor nos sorprende saltándonos a la yugular en una vorágine de violencia y destrucción que puede cogernos totalmente desprevenidos.

Esta es así pues ante una historia que usa la sorpresa con inteligencia y la revelación de nuevos datos como arma principal, así que como comentábamos anteriormente, no duda en apoyarse a su vez en un buen numero de influencias que han ido modelando a esta famosa criatura de la noche hasta la actualidad, pedazos de un lado, pellizcos de otro que le sirven para equilibrar una balanza que pesa lo original y lo prestado. Si tuviéramos entonces que tomar una referencia como base, quizá trasfondos tan complejos como los que ha creado el famosos juego de rol LA MASCARADA, los cómics de la serie 30 DÍAS DE OSCURIDAD de Niles y Templesmith o la mencionada saga NOCTURA podría servir bien como idea inicial, pero Víctor Conde no se priva de otorgar a la historia de su toque peculiar que va más allá de simples curiosidades, y se lanza de cabeza a moldear su historia desde sus orígenes, creencias religiosas y sociedades, y lo hace otorgando a la obra de un ritmo más cambiante que un tema de rock progresivo.

La obra de este escritor dentro del campo del terror siempre se ha caracterizado por ser muy atmosférica, por saber poner en situación al lector para, una vez se cree "cómodo", arrebatarle esa sensación de seguridad que tanto le ha costado fortificar, por cuidar cada mínimo detalle para enriquecer historias que se centran más en el suspense que en el horror más explícito y visual, lo que no quiere decir que novelas como NATURALEZA MUERTA no esté plagada de escenas muy impactantes por su contenido a veces extremo y otras cerca a lo simbólico. DE LAS CIUDADES VUESTRAS TUMBAS mantiene un estilo que hace fácilmente reconocible la pluma del autor, pero también es la obra (de las citadas) más próxima al cine de acción y terror que Hollywood nos tiene acostumbrados en los últimos años. Vemos aquí que lo que empieza siendo una historia personal, casi íntima, una búsqueda que solo implica la satisfacción personal del protagonista, va progresivamente convirtiéndose en una secuencia de situaciones cuyo desenlace puede terminar afectando a toda la humanidad. Es como estar viendo una película de vampiros dirigida por Coppola (Si, otra) no exenta de cierta extraña belleza por lo decadente y terrorífico para, poco a poco empezar a proyectar lo que podría haber sido algo como Blade o Underworld si un director competente con dos dedos de frente se hubiera hecho cargo de las sagas.

Por desgracia, existe un factor que no termina de convencerme, y es algo que no es precisamente ocasional, sino que se arrastra a lo largo de toda la novela. Vale, aceptemos que una buen de  relato miedo no tiene por qué cerrar las puertas al romance, mejor aún si hablamos de esas historias de amor imposibles, peligrosas y llenas de obstáculos que los amantes deben salvar..., pero a la hora de la verdad lo que ocurre aquí es que alguien le esta declarando su amor a una piedra. Es así de carente de sentido y sentimiento, tan triste como un copo de nieve enamorado del sol. Y es una pena, porque Jarek es un personaje bien construido, sólido y que sabe hacer creíble tanto sus virtudes como sus defectos, pero los esfuerzos por ofrecer estos amagos de momentos de ternura, ese intento de meter con calzador una moraleja que diga algo así como "El amor todo lo puede" o "Si Drácula recorrió océanos de tiempo para encontrarla, yo también. Y mejor y más rápido" se quedan en actos que solo encuentran compasión y cierta vergüenza ajena por parte del lector. Una situación que va agravándose hasta volverse casi incompatible con la historia.

Pero no desesperemos, porque la sangre y el suspense siguen siendo los principales elementos con os que se vale DE LAS CIUDADES VUESTRAS TUMBAS para prometer y ofrecer al espectador una lectura entretenida y gratificante, un lector este por cierto que no tiene por qué ser exclusivamente un cazador de novelas de vampiros, sino que abre un amplio abanico de posibilidades al público objetivo, ofreciendo multitud de facetas en una misma lectura, dotando a la acción de gran poder visual y rítmico, llenos de información, curiosidades y guiños o referencias actuales (sin olvidar algún que otro chiste malo del que se podría haber prescindido) que engrandecen tanto a la historia como a los personajes que la crean.

DE LAS CIUDADES VUESTRAS TUMBAS es un perfecto ejemplo de que a veces se pueden crear novelas sin preocuparse por ser demasiado pretencioso y acabar con un resultado más que notable, inteligente, adrenalínico en su último tramo y que, pese a que en ocasiones se pueda hacer un poco cuesta arriba en algunas escenas, es fácil catar la totalidad de la obra en apenas dos mordiscos bien dados. Victor Conde no solo vuelve a conseguir dos de los objetivos que siempre parece proponerse: hacer algo diferente y mantenerse en su estilo reconocible. Y de propina consigue otra cosa, devolver parte de la majestuosidad que las nuevas generaciones amantes del romance sobrenatural han arrebatado a uno de los más importantes iconos del terror. trayendo de nuevo a la vida, valga la ironía al vampiro.

sábado, 10 de junio de 2017

Reseña: APOCALIPSIS ISLAND. MEXICO de Antonio Malpica



Autopsias Literarias del Dr. Motosierra presenta:

APOCALIPSIS ISLAND. MEXICO de Antonio Malpica.

Ha pasado un año y medio desde que surgió el primer brote del virus. Los zombis arrasaron con la Ciudad de México y sólo algunos sobrevivientes se empeñan en permanecer en una urbe que tiene ya muy poco que ofrecer. Sin servicios públicos y con las calles pobladas de muertos vivos se sostiene una absurda sociedad conformada por tribus extravagantes que pugnan por sobrevivir. Es en este escenario en el que, después de un prlongado coma, despierta el profesor de matemáticas Gustavo Tapia y se une a la batalla diaria al lado de personajes como Malasangre, una ex alumna suya, Roque Mancilla, un minusválido de ácido humor y Teo Urquiza, un calamitoso chico con la peor buena suerte del mundo. Todos ellos, compartiendo el mapa urbano con los Yolos, los Hermanos del Mundo y los Boinas negras, confirman que la Ciudad de México no es más que una bomba de tiempo a punto de estallar en mil pedazos.

Erase una vez una editorial que centraba casi todos sus esfuerzos en el mundo del cómic que, ya fuera por intuición o gracia divina decidió publicar lo que entonces innovaría (aunque irónicamente retomando uno de los ejercicios más antiguos de la literatura) las historias de terror escritas en nuestro país, una especie de diario en la que un abogado de tierras gallegas narraba su difícil convivencia con infinitud de muertos vivientes, enfundado en su peculiar traje de neopreno y acompañado constantemente del gato con más mala suerte del mundo.
Loureiro y su APOCALIPSIS Z supusieron sin quererlo esa estruendosa explosión que antecedería a una avalancha formada por historias de zombis y supervivientes en el fin del mundo, centrando su atención unas veces en acción desenfrenada, otras en temas más existenciales que mostraban nuevas fronteras cuando estas se expresaban por en medio del fin de todo..., en definitiva, una colección variopinta de comecerebros que juntos conformarían la ya conocida Linea Z.

Curiosamente, muchas de las mejores ideas (es decir, historias que no fueran una copia de una copia de una copia) surgieron con los primeros títulos de la colección. APOCALIPSIS ISLAND, escrito por Vicente García fue uno de ellos, en el que nos retrataba una sociedad que ya había sobrevivido a un apocalipsis zombi y sin embargo cuando se inicia un nuevo brote, la humanidad se lleva una sorpresa al descubrir que lo que entonces ya habían aprendido, ahora no sirve para nada. Desgraciadamente, este título que ya avisaba que era la primera parte de una serie, terminó convirtiéndose en la saga más longeva que se escribiría en nuestra tierra (con el presente libro hablamos de un total de ocho). ¿Es esto malo? Pues no lo hubiera sido si cada nuevo capítulo no fuera más insustancial, innecesario y a veces absurdo que el anterior. No faltaron las participaciones de otros escritores como J.D., encargado de los volúmenes ORÍGENES y ORÍGENES II, éste último recuperando parte de la calidad e interés de la primera entrega gracias a dosis de acción casi bélicas, e incluso se atrevieron con algo parecido a un experimento social, en el que el autor debía escribir una historia usando de personajes a personas reales que solicitaban su participación, ademas de ajustarse este a las características y exigencias que a los participantes se les ocurriera. Un alarde de falta de seriedad al que titularon APOCALIPSIS ISLAND: EL CENTRO COMERCIAL. Los demás títulos de la saga (AI: AFRICA, AI: GUERRA TOTAL Z y AI: BATALLA FINAL) eran un desenfreno creciente de literatura desganada, con una trama forzadísima de esas que uno se imagina a su autor riéndose de nosotros mientras escupe párrafo tras párrafo y teniendo como cumbre de absurdez apoteósica el último volumen de la historia (o eso creíamos), una colección de estupideces que competía en aplicación de la física con Bob Esponja y donde sus protagonistas se limitaban a viajar por el mundo haciendo y diciendo payasadas que
causaban vergüenza ajena a cualquier lector que buscara un mínimo de calidad en su lectura.

Y cuando creíamos que lo malo ya había pasado, que ya se habían acabado los asedios donde se usaban a los zombis como munición de catapulta, que no volveríamos a ver un edificio simbólico siendo derruido a cabezazos ni una versión casposa y de bajo presupuesto de la batalla de Matrix Revolutions en su desenlace, van y se sacan de la manga un nuevo capítulo de una saga tan pasada y tan caducada que no le faltan moscas que revoloteen sobre los cadáveres de los ejemplares que nunca se vendieron.

Y resulta que APOCALIPSIS ISLAND. MEXICO no es solo el mejor título de la saga, no es solo un buen libro. Es fantástico.

No, no estoy diciendo que ésta nueva entrega expíe los pecados de las anteriores ni que a estas alturas la salve de la condenación eterna y el mote de "Esa saga de la que solo se salvaba el primer libro, y por los pelos".  Lo que quiero decir es que posiblemente el mayor error que está cometiendo este libro desde que vio la luz es permitir que en su portada se permita que se use el título APOCALIPSIS ISLAND. Es como si Antonio Malpica, autor de esta nueva etapa, hubiera escrito una novela de zombis usando para ello su propio criterio y talento, y la editorial o ese dios al que se le rinde culto sacrificando no cabras, sino amor propio, le hubiera puesto como condición a ser publicada su obra que ésta debía formar parte a la fuerza del espectáculo circense en que se había convertido la creación de Vicente García antes de buscar otras victimas a las que engañar, como los jóvenes lectores deseosos de nuevas formulas de fantasía y magia con sagas que, y cito textualmente "marcarán un antes y un después en el género" y que sin embargo cayeron en el olvido antes incluso de que existiera.

La misma portada reza que estamos ante una historia independiente, y tiene razón. Realmente no hace falta haber leído ninguno de los anteriores títulos para disfrutar de APOCALIPSIS ISLAND. MEXICO. Insisto en que si además podéis evitar hacerlo mucho mejor, ya que Malpica otorga en un solo libro lo que otros no consiguieron a lo largo de siete. Esto se traduce en: Un buen trasfondo, unos personajes profundos y una narrativa notable e inteligente. Ni siquiera necesita de una trama predefinida, puesto que esta historia va por una dirección más bien evolutiva, con la vista fija en el presente, no buscando que adivinemos el porvenir de los protagonistas o un objetivo concreto tipo "mata al malo, rescata al bueno", con lo que se consigue que no se pueda hablar de una historia predecible, ya que no hay nada que predecir. Con esto el autor consigue además que centremos nuestra atención en otros factores no argumentales, y para ello no duda en llamarnos la atención a cañonazos cargados con sensaciones que usa como munición.

No nos vayamos a equivocar, el punto de partida de esta historia no debería suscitar ninguna sorpresa para nadie a estas alturas. La novela nos suelta completamente indefensos en un terreno que ya no tiene salvación, calles tomadas por muertos que aún caminan, edificios preñados de muerte y de historias que nunca serán contadas, y blablabla... Vale, no existen golpes de originalidad que se atreva a explicarnos cómo hemos llegado a esto. Es más, si hablamos de originalidad, quizá tuviéramos que echar en cara a Antonio Malpica el como en apariencia prescinde de ella para presentarnos al profesor Tapia, pero no tardaremos mucho en dejar de buscar comparativas con el inicio de la serie The Walking Dead cuando descubramos que aquí lo que a veces parece una salida sencilla en realidad no es más que la entrada a otra sala o el comienzo de otro camino distinto.

Así pues, Malpica nos pone en el escenario de siempre, en las circunstancias de siempre, ¿Para contarnos la historia de siempre? Pues si, pero a la vez no.

La búsqueda constante de alimentos y suministros que cada vez escasean más, la necesidad de establecer un refugio seguro y encontrar supervivientes que puedan ayudarte o de los que uno se pueda aprovechar, encontrar pasatiempos que impidan que cedamos a la locura o una razón para no querer hacer el salto del ángel desde aquel edificio tan alto al que hemos echado el ojo desde hace tiempo... Todos estos son ingredientes conocidos para un guiso que ya hemos paladeado muchas veces y que conforman un cuadro que roba nuestra atención pero que esta vez, y al contrario de los anteriores títulos de la saga, no nos presenta un escenario de videojuego en el que encontramos munición y armas desperdigadas por todos lados, ciudadelas rodeadas de cúpulas indestructibles o engendros mutantes con poderes místicos importados directamente de Resident Evil. Lo que aquí tenemos es una sociedad que ha llegado a su fin, donde cada nuevo amanecer es un regalo y donde impera la ley del más fuerte. Hay muchos detalles tanto tradicionales como si no innovadores, si bastante peculiares que de algún modo hacen pensar en escenografías propias del mundo postapocalíptico que ya vimos en Mad Max y derivados, un ciudad convertida en jungla plagada de depredadores que no se van a molestar en valorar las necesidades de su presa y donde los protagonistas tiene, entre otros, un objetivo común; ser más listo que el cadáver que descansa en la acera.

Y es por medio de estas fotografías panorámicas y de otras más centradas en los pequeños detalles que Malpica atrapa al lector desde el comienzo de la narración, ignorando la linealidad argumental, olvidando si hay un objetivo concreto e incluso dificultando la visión especulativa del espectador en algo tan sencillo en este tipo de relatos como es saber diferenciar al bueno del malo. Porque repito, tanto uno como otro siguen ahí, y si aún hay humanos vivos en la Ciudad de Mexico es porque han sido más fuertes que los demás, y de una manera u otra, más moralista o menos ética se han ganado su lugar, ya sea siendo el que suba a la cima de una montaña de cuerpos descompuestos o siendo el que evitó ser un escalón más en esa escalera.
Desde el dogma al que rezan los nuevos Hermanos del Mundo, las motivaciones de los Boinas negras para seguir luchando un día más (una de las mayores y atractivas genialidades de la novela), cada uno tiene una razón de ser, una manera de actuar y unas normas de convivencia, pequeños detalles que son más intuitivos que visuales en muchas ocasiones, pero que siempre desembocan en la importancia de un mismo concepto: el individuo.

Si en la anterior reseña en la que criticábamos que los protagonistas de DE MADRID AL ZIELO 3: RESISTENCIA carecían de profundidad y de una historia personal que los hiciera únicos o al menos creíbles, en APOCALIPSIS ISLAND: MEXICO ocurre todo lo contrario. Malpica nos cuenta un relato que no se construye por sus situaciones, sino por sus personajes. No solo están ahí para contarnos su vida, sino que cada de ellas representa un pedazo de la historia general no exento de interpretaciones o valores. Todos ellos son supervivientes, pero eso no quiere decir que estén orgullosos del modo en que han llegado vivos a un nuevo día, ni hay momento en que no añoren un pasado en el que no tenían que correr por salvar sus vidas, que no tenían que vender su alma al diablo para llevarse un mendrugo de pan duro a la boca.
El quebradizo sentido del valor de Malasangre, el optimismo de Teo Urquiza, que es como un pegamento que impide que el mundo entero se haga pedazos, las constantes bofetadas de realidad que nos obliga a recibir Gustavo Tapia o Mancilla, bueno... por ser Mancilla simplemente. Todos ellos y muchos más personajes que irán apareciendo conforman el elemento vivo entre tanta muerte y por una vez, realmente sí se sienten vivos, y el nexo con el entorno y las condiciones en que se encuentran ligan sin un artificio exagerado e irreal, y lo hace mediante la lógica y no con una sobredosis de dramatismo que sabemos que a la larga puede terminar perjudicando el resultado final. Un niño que ha perdido la inocencia al ver morir a sus padres no deja de ser un niño, moralmente destrozado, pero no olvida sus otras preocupaciones inocentes e inconscientemente banales. Y la vida sigue. Esta es una lección que la presente novela quiere grabarnos en la mente, aunque sea por las malas y lo hace con uno de los aspectos más positivos de toda la obra, funcionando como viga de sujeción y al mismo tiempo como fachada atractiva: El matrimonio entre narrador y personajes.

En APOCALIPSIS ISLAND. MEXICO predomina una atmósfera sucia y pesimista, y cada nuevo capítulo realza cierta sensación de desesperanza en el lector cuando uno de los personajes nos descubre una nueva y triste historia posterior al Día Z nos convence un poquito más de que todo el esfuerzo por seguir vivos es fútil y carente de sentido, y que solo sirve para alargar una pesadilla ya de por sí interminable. Sin embargo las nuevas sociedades, los últimos resquicios que mantienen vivo el recuerdo de lo que fuimos se mantienen firmes, no cediendo a la desesperación, casi burlándose de los que sí se han rendido, de los caídos y de esos héroes anónimos cuyos pedazos ahora llenan los estómagos de los muertos vivientes. Y el narrador de la historia no puede ni quiere mantenerse distante ante estos sucesos, sino que se deja contagiar y fortalecer así los sentimientos de los protagonistas, dejando de ser una simple voz que cuenta lo que ocurre para convertirse en una extensión del dolor, la rabia, cualquier emoción que reflejen en ese momento. Antonio Malpica no se limita a narrarte la historia, te la echa en cara, te abronca arrebatándote cualquier toma de decisión que crees tener y te culpa de cada nueva muerte sin perder naturalidad, como si llevara mucho tiempo haciéndolo, lo que se traduce como un estilo muy directo y a menudo cortante, no carente de cierta belleza literaria ni de un sentido del humor sórdido y malsano, aprovechándose de lo que sabe que sabemos y usándolo en nuestra contra cuando le conviene.

Concluyendo, APOCALIPSIS ISLAND. MEXICO no está exenta de fallos. No puede presumir sobre su originalidad en la puesta en escena igual que con su manera de llevar la historia de siempre por una dirección poco común, una dirección que nos hace imaginarnos lo que haría un cineasta como Robert Rodriguez ante la exigencia de crear un drama en un mundo plagado de zombis. También se pueden echar en falta detalles que ayudarían a sostener la credibilidad de la historia y que se ignoran u olvidan intencionadamente, pero aún con todo, estamos ante una novela magnífica... y me da pena, porque por mucho que se esfuerza en cerrarle la puerta en las narices al resto de la saga, una de las que más daño ha hecho al género junto con aberraciones como la escrita por David Wellington, mucha gente va a pasar de largo imaginándose un intento desesperado por reflotar algo que es mejor por el bien de todos que se mantenga hundido (por muchas tacitas para Colacao que se regalen), y perdiéndose uno de los mejores intentos de la actualidad de demostrar que aun se pueden hacer grandes cosas con un género del que se ha abusado tanto como es la literatura Z, y se puede hacer si se mira en la dirección correcta, una dirección que suele señalar muchas veces a los vivos, no a los muertos.

martes, 6 de junio de 2017

Reseña: DE MADRID AL ZIELO 3: RESISTENCIA de Alfonso Zamora Llorente.



Autopsias Literarias del Dr. Motosierra presenta:

DE MADRID AL ZIELO 3: RESISTENCIA de Alfonso Zamora Llorente.

Cuando todo comenzó apenas había información. La ciudad respiraba un aire de tranquilidad, solo rota por las dudosas noticias que llegaban desde Alemania. Nadie reparó en ellas. Una apacible tarde de compras en el centro comercial La Gavia, en el barrio madrileño de Vallecas, se convertirá en la peor de las pesadillas, donde una vez más, el ser humano demostrará hasta dónde puede llegar para sobrevivir. Tres grupos diferentes. Tres formas de actuar. Un solo destino. Tras el éxito internacional de la saga De Madrid al Zielo, llega el tercer libro donde narra cómo fueron los inicios de este Apocalipsis Zombi ambientado en Madrid. 

¿En qué bando estarás?

Más de un año ha pasado ya desde que en Mayo del 2016 un servidor firmaba el siguiente párrafo en el presente blog:

"Lo que nuevamente quería que fuera un elixir que devolviera a vida a un género ha terminado siendo una paletada de tierra más que cubra su tumba".

En este caso en concreto me estaba refiriendo a la novela SOLOS de Álvaro Fuentes, la cual se terminaría convirtiendo en un perfecto modelo para ejemplificar la progresiva decadencia e inevitable caída de la literatura Z en nuestro país. Fueron muchos los autores en todo el mundo que aprovecharon el tirón que la figura del muerto viviente estaba teniendo gracias a autores internacionales como Max Brooks (GUERRA MUNDIAL Z, GUÍA DE SUPERVIVENCIA ZOMBI) o, representando a nuestro país, Manel Loureiro (APOCALIPSIS Z), y algunos expusieron ideas realmente llamativas que exploraban limites inimaginables entonces, experimentando con ello, demostrando que la figura del zombi puede ser mucho más que un cuerpo resucitado ávido de cerebros frescos. Lo malo es que a esta moda (llamemos a las cosas por su nombre) también se apuntaron un buen número de "visionarios" que vieron en éste género un recurso fácil para construir sus historias sin sobrecalentar demasiado su imaginación.
Y por supuesto, también estaban aquellos que creían que repetir la misma formula de las historias de supervivencia una, y otra y otra vez era lo que todos los lectores queríamos, Y así emergió de las profundidades de la desidia y el desánimo una oleada de novelas "Que estaban bien si era tu primera vez, pero que si ya venías curtido podrían resultar repetitivas, cuando no tediosas".

DE MADRID AL ZIELO, novela escrita por Alfonso Zamora tuvo como mayor inconveniente el haber aparecido demasiado tarde, cuando las novelas de zombis ya se contaban en nuestra tierra con cifras de tres dígitos y ya estábamos curados de espanto. Una historia más de un grupo selecto de personas que, sin comerlo ni beberlo se topan con el fin del mundo. Una colección de carreras a ninguna parte perseguidos constantemente por cuerpos putrefactos ansiosos de morderles el culo... y un giro argumental que a algunos entusiasmó y a otros nos sentó como una patada en los cojones con una bota de trabajo. Dicho giro acabó reforzándose y ganando protagonismo en la que sería su secuela, DE MADRID AL ZIELO 2: ÚLTIMA BATALLA para regocijo de algunos y desesperación de otros. Una narrativa sencilla que no buscaba destacar por sus recursos literarios ni su originalidad y el saber jugar con escenarios conocidos convirtieron a ésta en una saga ideal para principiantes e inexpertos en el género, pero también en una serie de títulos fácilmente prescindibles para los que buscábamos algo más que un refrito de las secuencias de siempre.

Ha pasado ya un año como dije, desde que la línea Z de la editorial Dolmen sacara su último título al mercado, quién sabe si siguiendo las recomendaciones de muchos de dar al género un respiro, un tiempo de meditación en el que sintieran ese momento zen y reflexionar si no sería mejor dar prioridad a la calidad de los manuscritos en lugar de saciar esa necesidad de cubrir un cupo de lanzamientos mensuales... La cuestión es que cuando todos creíamos que el viento se había levado los últimos resquicios de esta moda pasajera de turno, Dolmen va y retoma con fuerza una colección de libros que ya alcanzaba los más de 60 títulos con tres más, entre ellos un spin off que Alfonso Zamora se ha sacado de la manga para resucitar su famosa saga.

Lo primero que debería decir de DE MADRID AL ZIELO 3: RESISTENCIA es que el número que precede al título sobraba, ya que no estamos ante una continuación, ni siquiera una precuela. Aquí se narran hechos que suceden al mismo tiempo que los acontecimientos de las anteriores entregas, funcionando de complemento casi innecesario en la trama principal, exprimiendo al máximo los momentos más simbólicos del paso de los zombis por el mundo del cine de manos de George A. Romero, creando una nueva aventura con retazos de momentos que no tienen nada de nuevo.

Pongámonos en situación: Un grupo de personas queda encerrado en un centro comercial en pleno desalojo ante los primeros casos evidentes de un brote infeccioso que convierte a los afectados en muertos vivientes con unas ganas de parranda que se desmigajan. Pues bien, en este breve resumen tenemos dos conceptos clave: Centro comercial. Zombis. Y como todos dais por hecho lo que voy a decir, hasta aquí llega mi reseña de hoy.

Bueno vale, me explicaré.

Vista la premisa principal seguro que muchos han pensado lo mismo: "Más le vale al autor hacer un trabajo excepcional si quiere destacar y hacer una historia mínimamente original". Si, lo habéis pensado todos... todos menos el autor de la novela.

Resulta evidente sin siquiera comenzar a leer la novela que Alfonso va a tener en mente uno de los más famosos ejemplos cinematográficos de la cultura zombi, el largometraje de 1978 dirigido por Romero y su fabulosos remake del 2004 de manos de Zack Snyder, El Amanecer de los Muertos. Un clásico del género que pronto se convertiría en uno de los recursos más repetidos y versioneados en todas las franquicias donde pueda entrar un zombi, incluido por supuesto el panorama literario. Y es que no hay nada que facilite la vida de un superviviente que situarle directamente dentro del cofre del tesoro en lugar de obligarles primero a encontrarlo. No obstante, una cosa no quita la otra, y el hecho de tener suministros casi ilimitados no hace que las personas que se beneficien de ello estén libres de peligro, un peligro que no siempre viene de la mano de los muertos vivientes, lo que obedece una de las normas no escritas del manual del narrador de novelas Z: "Enfrentar a los héroes a una horda de zombis tras otra termina siendo aburrido, mejor hagamos que se zurren entre ellos".

Por desgracia, DMAZ3: RESISTENCIA no solo usa el clásico de 1978 como inspiración, sino que prácticamente lo adapta a la literatura. Vale que Alfonso se esfuerza en crear únicas y peculiares vidas entre los habitantes del refugio, en hacer que evoluciones y se adapten a las necesidades, y el guión con ellos, pero eso no quita que algunos momentos y secuencias estén casi calcados del citado largometraje y derivados. ¡Coño, si ni falta el grupito de moteros dirigido por una especie de Tom Savini al que le han robado el carisma!.
Puede que sí existan un par de bazas que en apariencia apuesten por la buscada originalidad, pero que no dejan de quedarse a medio camino de su intención. Uno es el uso de personas reales para dramatizar la novela y servir de carnaza para los monstruos a los que se enfrentan, pero seguro que recordaréis que hace algún tiempo uno de los capítulos de la innecesariamente larga saga APOCALIPSIS ISLAND ya puso a sorteo a sus protagonistas dando la oportunidad a quien se prestara de protagonizar un asedio zombi que transcurría (¡Sorpresa!) en un centro comercial. Aunque en este caso concreto a favor de Alfonso debo decir que en DMAZ3: RESISTENCIA no se flipan demasiado, no hay exposiciones de armas adecuadamente casuales en el establecimiento, ni ningún experto en combate con armas de fuego comprando san jacobos como ocurría en la novela de Vicente García.
El hecho de que la acción también se sitúe en principio en tres puntos distintos podría haber supuesto un buen punto a favor del desarrollo... hasta que uno recuerda cierta novela ambientada en un futuro apocalíptico titulada LA CIUDAD SILENCIOSA, escrita por Jose Luís Caballero (que por cierto complementaba a la película Los Últimos Días de Álex Pastor) donde ocurría algo muy similar y ¿Adivináis en qué tipo de edificio transcurre la historia? Pues eso.

Pero dejando de lado esa recurrente defensa que asegura que hoy en día está todo escrito y que es muy difícil ser original, sinceramente me jode. Me jode porque por muchas historias nuevas que se publican siguen quedando aún muy buenas ideas esperando en el tintero de la imaginación, ideas que en vez de ser aprovechadas terminan descartándose a favor de lo fácil, lo conocido, lo de siempre. Incluso en esta novela existen un par de momentos en los que el autor podría haber dado la vuelta a la tortilla, sorprendiéndonos a todos con un cambio de dirección inesperado, demoledor y sobre todo necesario. Pero a cambio éste opta por seguir el camino indicado por las señales de la ruta segura, ignorando pasajes, más arriesgados si, pero también más vistosos e interesantes. ¿Y sabéis quién creo que tiene la culpa de que Alfonso Zamora no tomo ese camino oculto con montones de sorpresas y puede que también recompensas aguardando? Sus propios personajes.

Alfonso acaba cortándose las alas a sí mismo arrebatando a principales y secundarios una profundidad expansible, un trasfondo individual que pudiera enriquecer la trama general. Los protagonistas de DMAZ3: RESISTENCIA aunque tengan rasgos que los definan y los diferencien de un ladrillo son demasiado planos y previsibles. En cuanto los conoces sabes de quién se va a apiadar el autor y quien va a morir de manera miserable o heroica, abusando en estos casos de bondad y compasión (en serio, se sobreexceden las lagrimas solitarias que caen sobre el regazo del cuerpo aún caliente del amigo, amante, etc). Los buenos son muy buenos, muy moralistas, pero con cierta memoria selectiva, porque si bien no se reprimen en llorar ríos por gente que ha conocido hace dos días, luego parece que no se acuerdan de los familiares y amigos que han quedado fuera, a merced de la muerte.
Y los malos... bueno, son muy chungos, muy crueles, pero es que da pereza odiarles, porque les falta motivación, razón de ser. Es decir, vemos sus actos, sabemos que son crueles, sádicos y egoístas hasta con los suyos, pero lo sabemos por lo que hacen, no por lo que les ha llevado a ser así, no hay un trasfondo que invite a comprenderles, unos antecedentes que definan su psicopatía. Son villanos que están ahí porque tienen que estar ahí, porque el guión así lo exige.

Pese a todo, tengo que admitir que me lo he pasado bastante bien leyendo DMAZ3: RESISTENCIA, porque si nos centramos en la cuestión principal, si, Alfonso sabe hacer que nos mantengamos entretenidos con buenas dosis de acción y giros argumentales que, pese a lo previsibles de unos y lo adecuadamente oportunistas de otros, la cosa en conjunto funciona bastante bien. Además, el escritor ha mejorado en varios aspectos con respecto a las anteriores entregas, son muchas menos cosas las que deja al azar, su estilo narrativo sigue siendo sencillo y directo y los diálogos creíbles (aunque se abusa de la repetición de los nombres en las interacciones, como si a los protagonistas les costara recordar con quién están hablando), y la historia, en su suma de las partes consigue sostenerse si no eres un puto tiquismiquis que le busca las vueltas a todo como yo, porque me cabrearon mucho esos extraños saltos temporales que suprimen situaciones que creo que deberían haberse explicado más en profundidad, como si existieran escenas eliminadas o al autor de repente le metieran prisa para acabar la novela y se saltara fragmentos que a muchos nos hubiera interesado leer.
Y aunque toca un poco más lo personal, el hecho de que la historia se desarrolle en el centro comercial La Gavia no hace sino suponerme un aliciente más, ya que es un lugar que conozco bien y porque las muchas referencias que se mencionan ayudan en cierto modo a la credibilidad, creando imágenes con las que no hace falta imaginar, solo recordar.

DMAZ3: RESISTENCIA se mantiene en sus trece, siendo una obra recomendada únicamente para aquellos no acostumbrados o que hayan profundizado poco en la literatura Z. Un trabajo que demuestra una vez más que a su autor se le da bien exteriorizar emociones, pero donde tampoco pasa desapercibido cierto miedo al riesgo, a dar ese paso que convierta a sus personajes en algo más que meros y prescindibles peones en un tablero de ajedrez. Yo nunca he llorado o sentido lástima cuando en una partida alguien me comía un peón. Cuando un zombi devoraba a un miembro de esta peculiar resistencia tampoco.

sábado, 3 de junio de 2017

Reseña: LA QUINTA ESTACIÓN de N. K. Jemisin.



Autopsias Literarias del Dr. Motosierra presenta:

LA QUINTA ESTACIÓN de N. K. Jemisin.

Así es como se acaba el mundo… por última vez.

Ha dado comienzo una estación de desenlaces.

Empieza con una gran grieta roja que recorre las entrañas del único continente del planeta, una grieta que escupe una ceniza que oculta la luz del sol.

Empieza con la muerte, con un hijo asesinado y una hija perdida.

Empieza con una traición, con heridas latentes que comienzan a supurar.

El lugar es la Quietud, un continente acostumbrado a la catástrofe en el que la energía de la tierra se utiliza como arma. Y en el que no hay lugar para la misericordia.


Parece ser que estos últimos días han sido un ejemplo perfecto de lo que a muchos nos gusta la polémica en el mundo de la literatura. No obstante, todo esto ha servido para varias cosas, y no, no me refiero a que el tema ha servido para retratar a gente que es capaz de convertir interesantes debates sobre la tolerancia y el respeto en una batalla campal donde lo común es disparar salvas de insultos y bombardear con comentarios hirientes llenos de ironía y faltas de respeto. Todo muy contradictorio, si...
A mí, sin embargo esta pequeña aventura literaria me ha servido para conocer y entender un termino que creo que no hay que tomarse demasiado a la ligera: La literatura de panfleto.

Está claro que desde que el hombre ha dominado la palabra escrita ha sabido crear historias ficticias para mandar o difundir mensajes reivindicativos, conservadores, revolucionarios, de cualquier naturaleza la verdad, llegando a un punto en que muchos escritores incluso han visto este tipo de mensajes atribuidos a sus obras, significados que en su momento ni imaginaban que pudieran relacionarse con sus historias. Quizá sea que los lectores ya no solo buscamos una historia que nos entretenga, sino que el nivel de implicación sea tal que podamos trasladar enseñanzas y valores de una historia de ficción a la vida cotidiana.
Pero hay que tener en cuenta que esto puede convertirse en un arma que puede hacer maravillas en buenas manos y desastres totales en las equivocadas. Y en géneros como la ciencia ficción y la fantasía exigen que ese cuidado sea destacable. He leído muchos ejemplos de como una novela es usada como mera fachada para que el escritor se desfogue hablando de las injusticias y de lo mal que la sociedad le trata a él o a los demás que dan autentica pena y vergüenza ajena, donde el elemento reivindicativo es tan descarado que hace que la propia historia pierda sentido, gire en torno a la búsqueda de una polémica o que se contradice de tal manera que uno se sienta engañado.

No voy a comentar esos ejemplos porque éste no es ni el lugar ni el momento, y porque la novela que hoy nos ocupa, LA QUINTA ESTACIÓN de N. K. Jemisin es la perfecta representación de cómo historia y mensaje pueden no solo convivir juntas, sino aprender a depender una del otro en un todo esplendido.
Y es que cuando uno termina de leer esta novela, la cual ha supuesto el premio Hugo 2016 a su autora, no acaba con esa sensación de haberse bebido casi 450 páginas para acabar con una moraleja típica de los dibujos animados de los 90 ("Chicos, no toméis drogas", "Y recordad que todos somos iguales"), sino que descubre desde la misma dedicatoria que LA QUINTA ESTACIÓN es un canto a la superación aplicada a la supervivencia, la discriminación. Es plantarle cara a un destino establecido pero que nunca has considerado tuyo... y porque parece que estoy empezando por el final, echemos la vista atrás y respondamos a lo básico: ¿De qué trata LA QUINTA ESTACIÓN?

La escritora de Brooklyn nos traslada a Quietud, un mundo cuyo nombre no carece de cierta ironía como comprobaremos pronto, puesto que cada cierto tiempo (cada cientos de años) se produce el fenómeno que da título a la novela y que traducido en erupciones volcánicas, tsunamis, liberación de gases venenosos o lluvias de ceniza entre otros eventos representan el comienzo de un periodo oscuro y difícil, y a su vez un reinicio que le cuesta la vida a millones de habitantes pertenecientes a una población forzadamente nómada, ya que asentarse en un lugar determinado y dejar crecer raíces en él resulta impensable a muy largo plazo. No obstante, estas desacostumbradas circunstancias (Aunque recordemos que ya vimos un concepto parecido a mundos en constante destrucción y reinicio en EL PROBLEMA DE LOS TRES CUERPOS de Cixin Liu) no han convertido a la gente de Quietud en criaturas temerosas y carentes de esperanza. Al contrario, Jemisin nos presenta a una raza humana fuerte y prospera, que evoluciona, se adapta y aprende a usar todas las herramientas y enseñanzas de las que disponen... incluido el elemento en torno girará la historia de esta novela: la orogenia.

La orogenia es un don, o una maldición con la que nacen algunos de los habitantes de Quietud, una capacidad que va más allá de predecir movimientos sísmicos y demás fenómenos naturales, sino también de provocarlos y evitarlos. La autora construye con esto algo que se aleja mucho de un simple truco de magia sin explicación y, como si del mejor Brandon Sanderson se tratara, no deja nada al azar y dota a los orogenes de unas habilidades que muestran constantemente sus virtudes y defectos, sus beneficios y sus peligros. Una energía cuyo uso exige siempre un precio equivalente y por el que sus poseedores, en contra de lo que pueda parecer no son alabados y bendecidos por sus vecinos, sino temidos, repudiados y, en ocasiones cosas mucho peores.
Tal es el detalle y la importancia que tiene este "don" en LA QUINTA ESTACIÓN que hace que la novela cabalgue entre los campos de la fantasía y de la ciencia ficción, difuminando hasta casi su desaparición la cada vez más fina línea que separa lo increíble de lo teóricamente posible. Claro que no dejan de estar presente todos esos elementos propios de la fantasía de nuevos mundos que tan bien conocemos (personajes con poderes impensables, estructuras que parecen surgidas de culturas de otros tiempos o mundos, labores de ingeniería extrema aplicadas al worldbuilding pero aplicados dentro de la modestia y no la necesidad de llamar la atención, etc), elementos que Nora moldea a gusto y hace que el conjunto funcione como el mecanismo de un reloj, maravillándonos por la calidad imaginativa y al mismo tiempo dejando que nos sorprendamos de lo fácil que es creerse todo lo que nos cuenta.

Un detalle curioso que no deja de llamar la atención a aquellos acostumbrados a la fantasía más tradicional es la inexistencia de cultos religiosos, deidades, mitologías y creencias usadas por la gente en Quietud. No faltan imploraciones, rezos y maldiciones, pero estas van destinadas a algo que todos ellos conocen bien: La tierra en la que viven, la misma que cuida y hace crecer sus alimentos, sujeta sus hogares y sobre la que sus hijos dan sus primeros pasos y los mayores los últimos, pero también la que en el momento menos pensado saben que puede arrebatarles todo eso, el fruto de su trabajo, el origen de sus sueños. Estamos entonces ante un tipo de fe distinta a la que se le otorga a las leyendas y mitos, una creencia a la existencia de un nuevo mañana en el que el único sacrificio que reclama es el trabajo de todos para la supervivencia y preservación de la comunidad.

Sin embargo, esa falta de "ente superior" a la que rendir cuentas no convierte la existencia de su gente, según muchas creencias populares, en un camino de rosas, pacífico y benévolo, la existencia de la orogenia y otras fuerzas inexplicables tiene su reflejo en un constante temor y una necesidad de hacer preguntas que difícilmente reciben respuestas, y tampoco son desconocidos los conflictos que a lo largo de su historia Quietud ha vivido por causas como los constantes enfrentamientos por el poder y el dominio, y por sentimientos tan antiguos como el miedo a lo desconocido, la furia, el dolor o la venganza sensaciones que bullirán en el interior de algunos de los protagonistas de la aventura mientras que otros intentarán funcionar como presas para evitar que tanta fuerza descontrolada acabe arrasándolo todo. Así, es normal que el drama sea una constante desde la primera página y funcione de hilo conductor para todo el circuito del que se compone LA QUINTA ESTACIÓN.



El mundo creado por Jemisin es rico en matices, lleno de elementos que lo convierten en un paisaje único y peculiar (La novela incluye un glosario de términos que se vuelve innecesario por la facilidad de comprensión de los textos) y que a medida que avanzamos en la trama va ampliándose, puesto que no hay capítulo que no añada nuevos datos y detalles, ya sea como ampliación del trasfondo de la saga de La Tierra Fragmentada o incluso para favorecer giros argumentales que no son pocos ni fáciles de pasar por alto. Quizá entre toda esta información se puede echar en falta alguna que amplíe los conocimientos de la flora y la fauna de Quietud, adaptada a un medio extremo propio de un mundo constantemente al borde de la destrucción, y que queda relegada a un segundo plano para favorecer la sobrecarga de datos sobre la composición terrestre y la respuesta de los distintos elementos frente a las habilidades de los orogenes.

LA QUINTA ESTACIÓN es una delicia, no solo imaginativa, puesto que la habilidad narrativa de N. K. Jemisin no se queda atrás, y funciona perfectamente para exponer todo lo anteriormente descrito ya. Un ritmo ágil que igual puede decaer a mitad de la novela pero que no por ello permite que el lector se aburra en ningún momento sino que nos mantiene alerta ante cualquier detalle que pueda más adelante ser esencial para entender los acontecimientos venideros o pasados.
Y que conste que no es una historia exigente ni busca ser una de esas lecturas en las que se tenga que tomar notas para no extraviarse por el camino, ni siquiera debería considerarse una novela coral pese al buen numero de personajes que forman parte de la aventura (todos bien diferenciados, carismáticos y tan inestables como el porvenir del mundo). Y es que Nora, además del interés busca la comodidad del espectador, llenando secuencias donde el suspense y la duda llevan la voz cantante y escenas de acción tan visuales como impactantes todo esto, reitero, protagonizado por personajes que no pararán de darnos sorpresas bien por su naturaleza, bien por su inmensa carga emocional.

No creo que tenga que extenderme mucho más para dejar claro que LA QUINTA ESTACIÓN ha supuesto esa sorpresa, esa experiencia imprescindible de la que tanto presumían sagas de presente publicación en nuestro país como LUNA de Ian McDonald o la anteriormente mencionada de Cixin Liu que, sin ser malas, no albergaban ese elemento de excepción, esa fuerza que hace de una obra literaria no solo una lectura, sino una experiencia de la que se disfruta y se aprende.
Esta novela supone un paso adelante en géneros tan exprimidos como la fantasía, la reapertura de una aduana tras la cual esperan nuevos mundos llenos de historias tan humanas como increíbles, tan cargadas de aventuras como impregnadas de mensajes destinados tanto a la mente como al alma.

LA QUINTA ESTACIÓN es ese diamante que brilla en la oscuridad, sepultada entre tanto falso metal precioso, que ha ido construyéndose de manera natural sin necesidad de empujones y erosiones de factores externos. Y no me canso de recomendaros que no dejéis pasar la oportunidad de haceros con esa joya y dejaros cegar por los mundos de N. K. Jemisin, porque si pasáis de largo, estaréis ignorando una de las mejores lecturas del año.

N. K. Jemisin durante el ciclo de preguntas que se celebró en Madrid el 2/06/2017 en Madrid al que pudimos asistir y en la que demostró que además de talento, le sobra simpatía.