lunes, 16 de octubre de 2017

Reseña: VIENEN CUANDO HACE FRÍO de Carlos Sisí.



Autopsias Literarias del Dr. Motosierra presenta:

VIENEN CUANDO HACE FRÍO de Carlos Sisí.

La crisis económica azota Estados Unidos. Joe Harper, residente en Baltimore, acaba de perder su empleo. Mientras sopesa mudarse a un barrio más barato, recuerda que su abuelo, el mítico Cerón Harper, le dejó en herencia una cabaña en Sulphur Creek, un pueblo canadiense. Toma el poco dinero que le queda y se dirige hacia allí. Es un lugar remoto y aislado, al lado de un parque natural, ideal para esperar que todo mejore. Además, el recuerdo de su abuelo, un incansable buscador de oro del que se decía que podía matar osos con la única ayuda de un cuchillo, es un buen acicate.

La cabaña está prácticamente en ruinas, pero Joe no se arredra. Reconvertido en pionero, arregla el tejado, repara con tablones el porche, consigue apartar piedras enormes. Cuenta cada dólar y lo invierte en comestibles, en agua. Y, casi enfebrecido por el cansancio, se siente vivo, un héroe de película, como si Baltimore no hubiera existido nunca. Para su sorpresa, pronto descubre que Sulphur Creek se vacía durante los duros meses de invierno. Con cualquier excusa, los lugareños abandonan el pueblo para mudarse temporalmente. Un hecho curioso, que podría atribuirse a las extremas temperaturas, pero que parece adquirir otro significado cuando uno de sus vecinos le susurra: «No pase aquí el invierno. Ellos vienen. Vienen cuando hace frío». Sin embargo, Joe no cree en leyendas, fantasmas ni demonios. Piensa que los aullidos que se escuchan son sólo un signo de la fuerte ventisca y que las sombras forman parte de la oscuridad característica de la estación.

La historia del entretenimiento audiovisual y literario está lleno de ejemplos de obras que quisieron ser grandes pero que se quedaron a medio camino de su no siempre, admitámoslo, merecida gloria. Escritores con complejo de Ícaro que queriendo alcanzar el sol, o los corazones de los críticos, lo primero que les pille de camino, acaban en una estrepitosa caída al vacío.

¿Y qué es lo que hace que una historia que aparentemente tiene todos los ingredientes para triunfar pinche antes de llegar a la meta? Pues precisamente que uno de esos ingredientes no sea el adecuado, uno que termina destruyendo el propósito de los demás y echando a perder el conjunto completo.
Seguro que todos hemos leído alguna vez una historia fabulosa, capaz de poner los pelos de punta, de sacar a la luz sentimientos y emociones que creíamos olvidados o inexistentes, pero que por culpa de unos personajes mal trabajados, a causa de unos actores que fuerzan el guión o se rinden a la sobreactuación ha sido imposible encontrar esa ansiada conexión con la trama y sus participantes. Hemos visto también casos contrarios, donde protagonistas cuidados hasta el mínimo detalle, protagonizan relatos y escenas que a veces rozan la vergüenza ajena. Ritmos irregulares, lazos inestables, incluso una mala corrección... cualquier mínimo detalles puede darnos un puntapié de manera inesperada y sacarnos fuera de una lectura que hasta ese momento nos parecía impecable.
Sobra decir que la última palabra siempre la tiene la opinión personal de cada lector. Pero también es verdad que muchos criticamos una obra venida a través de cualquier medio no por lo que es, sino por lo que nos gustaría a cada uno de nosotros que hubiera sido. Y el escritor que nos ocupa hoy ejemplifica a nivel personal estos casos de egoísmo lector. Y digo egoísmo porque soy consciente que querer que una historia sea tratada de una manera y no como al final nos la sirven solo obedece al capricho, no a decir que "esto está mal porque no me gusta".

Considero a Carlos Sisí un muy buen escritor, alguien a quien admiro por haber sabido dejar una huella difícilmente borrable en el panorama fantástico literario español. No hay más que ver su carta de presentación, o al menos con la que se dio a conocer de manera más destacable. LOS CAMINANTES, una saga que desde su primera entrega supo captar la atención de los, por aquel entonces, nuevos seguidores del género zombi, y lo consiguió no por una prosa precisamente compleja y elaborada, ni por ideas nunca vistas en una temática bastante limitada en este campo, sino porque sabía dar lo que los lectores reclamaran en cantidades justas. Porque trataba a sus personajes con respeto, pero también con crueldad, dotándolos de vitalidad, personalidad y por su puesto credibilidad. Y ya que estamos, no podemos olvidar la creación de uno de los mejores villanos del género.

El lado más emotivo del escritor (aunque no el único) tiene su mayor expresión en su colección de historietas ilustradas HISTORIAS CON ALMA que en breve verá su segundo volumen editado, pero es el género de terror el que siempre ha destacado en la carrera literaria de Carlos Sisí, así lo demostró con LA HORA DEL MAR, magnífica obra a medio camino entre el eco-thriller y la trama apocalíptica, con un soberbio inicio, una sucesión de escenas desgarradoras que quedan en el recuerdo... y un desenlace desastroso que a más de uno nos dejo sumidos en una decepción de la que difícilmente pudimos salir. Pero eso no fue lo peor...
ALMA arrastraba esa misma decepción desde el comienzo de la historia, y mientras unos veían la dirección tomada como un acierto, otros, yo incluido, no podíamos evitar sentir que la historia que se narraba no iba con nosotros. Cuando leemos una historia de terror esperamos sentir miedo, angustia y momentos que exploren la mala baba  del escritor y nuestro aguante, y sin embargo con ALMA la sensación que tuvimos es la de que hemos descubierto lo que pasaría si Paulo Coelho escribiera novelas de terror. Pero insistimos, a cada uno nos da miedo cosas muy distintas y su impacto puede variar dependiendo de cómo es contado y a qué nivel individual o colectivo afecta el peligro al que se enfrentan los protagonistas...

... Y este es el motivo de por qué VIENEN CUANDO HACE FRÍO, la nueva novela de Carlos Sisí es una de esas historias que si... pero no.

Algunos afirman que estamos ante la obra más terrorífica y madura del escritor residente en Málaga. Y yo empezaba a pensarlo cuando comencé a leerla, al menos durante la primera mitad de la misma, hasta llegar a cierto punto y seguía avanzando en la trama que fue cuando empezaba a repetirme una y otra vez "Oh no, ha vuelto a pasar".
VIENEN CUANDO HACE FRÍO es como un cuaderno de recortes de un consumidor de cine fantástico y terror. Un mosaico cuyos fragmentos por separado son fácilmente reconocibles y en su conjunto ofrecen un resultado a ratos magnífico y a veces decepcionante e incomprensible incluso para una novela de tintes sobrenaturales.
Saltar de referencia en referencia se convertirá en una constante a lo largo de toda la obra. Encontramos esa ambientación fría, solitaria y hasta cierto punto hostil del CAZADOR DE SUEÑOS de Stephen King, esa entidad malvada de origen desconocido que nos recuerda a varios personajes del mismo escritor de Maine como Pennywise (IT) o Tak (DESESPERACIÓN). Sam Raimi y su visión del mal también está presente. Hasta ideas que parecen sacadas de Matrix de los hermanos Wachowski, HELLRAISER de Clive Barker o el horror cósmico de Lovecraft pueden ser pensamientos recurrentes de las que Carlos Sisí hace uso para hacerle la vida imposible a nuestro amigo Harper, protagonista de la novela en un ritmo que va in crescendo, ignorando cualquier límite imaginativo.
Hasta aquí todo son buenas palabras como es evidente, y lo más importante, merecidas. El problema viene en la búsqueda de un equilibrio, saber cuando encontrar el límite en el baúl de las ideas, evitando que su contenido rebose y se pierda por descuido.

El escritor sabe como comenzar una historia de terror, algo que nos ha demostrado libro tras libro. En pocas páginas ya ha hecho las presentaciones "Lector, este es Joe Harper, Joe Harper, este es el lector que va a seguir tu historia". En esas mismas breves líneas ya visitamos lo que parece que será nuestro hogar durante un indeterminado periodo de tiempo. Y entonces si, una vez establecido el primer contacto, Sisí se permite levantar el pie del acelerador, recreándose en cada descubrimiento, con las consecuentes incógnitas que suelen traer, presentando un elenco de situaciones casi imposibles de casar unas con otras haciendo lo que se espera, que nos sintamos incómodos, que pongamos en duda si no habrá un sitio más tranquilo al que recurrir en lugar de seguir en una cabaña en medio de la nada.

Si hubiera seguido ese rumbo, si VIENEN CUANDO HACE FRÍO hubiera enfocado su trama a un ámbito más minimalista, limitándose al survival horror que se adivina en su sinopsis y primeros tramos de la obra... quizá entonces seguramente no me costaría ver en esta novela uno de los mejores títulos de terror del año, pero veréis... como comentaba anteriormente, hay mil y una maneras de enfocar algo tan propenso a la mutación y evolución como es el miedo, y a mi, por ejemplo me gustan las historias de fantasmas, principalmente cuando éstas tratan sobre fantasmas. Soy un clasicista al que, sin hacerle ascos a la experimentación, al riesgo y a la innovación, le suele gustar ver las cosas colocadas en su sitio, no creando una montaña desordenada formada por tantas cosas que al final la vista no sabe a donde dirigirse y centrar nuestra atención, porque a veces, más a menudo de lo que algunos pensamos, menos es más.

Resulta especialmente difícil explayarme en este punto sin arriesgarme a desvelar parte del argumento de una de las fases más evolucionadas del libro, así que volvamos al punto anterior, sus elementos básicos: Un hombre, un refugio, una amenaza. Tres. Tres elementos con los que se pueden (y se han hecho) maravillas a la hora de componer historias, sin variar rumbo, sin dejar que se convierta en una bola de nieve que, rodando sin control se convierte en una avalancha.
Carlos Sisí no deja nada al azar, eso es cierto. Las incógnitas se van sumando, la credibilidad de lo que conocemos se pone en tela de juicio constantemente y, con paso lento pero seguro vamos viendo a Harper como un compañero real, vulnerable, que sabe que no es ningún héroe, e incluso es autoconsciente de sus errores a la hora de relacionarse con otras personas o el entorno, aunque con algunas incongruencias, como la extrema credulidad de este, que parece creerse todo lo que le cuentan sin cuestionarse su naturaleza u origen , simplemente aceptando lo que hay en un constante estado de sumisión emocional. Como Santiago Vázquez de Cuarto Milenio pero sin vestir de arrogancia.

Ahora bien, el descubrimiento de varios elementos que superan la comprensión del pobre hombre (recordemos que se lo cree todo sin rechistar), la aparición de portadores de nuevos interrogantes o respuestas que no hacen sino complicar más las cosas y otros giros de guión terminan redirigiendo la trama a algo tan distinto como, en mi caso, progresivamente carente de interés.
Insisto, esa pérdida de interés no tiene nada que ver con el modo en que Carlos Sisí afronta su obra VIENEN CUANDO HACE FRÍO, no me retracto de cuando dije que ésta es posiblemente la obra más ágil e impactante de las que ha creado el escritor, el problema es la brusquedad en el cambio de registro y argumento, que pasa de una obra de terror casi intima, de habitación cerrada, a convertirse en un relato de ciencia ficción macabro de repercusiones universales, donde su autor intenta agarrar más de lo que sus manos pueden abarcar, teniendo la máxima repercusión en su desenlace, muy inmaduro en comparación con el camino que hemos recorrido hasta llegar a él.
Eso si, rebosa de talento a la hora de cubrirse las espaldas cuando se trata de hilar pequeños detalles que suponen los ladrillos de un bien estructurado desarrollo, lleno de sorpresas y grandes momentos de darse la palmada en la cabeza y mencionar un "Así que era por esto".

¿He dicho que Carlos Sisí no deja nada al azar? Si, y mucho menos a la hora de abordar el eje principal de la historia, aunque algunos recursos de los que hace uso sí que parecen fruto de ese azar, o al menos de un impulso poco meditado, casi improvisado, como por ejemplo la aparición de uno de sus personajes en el momento más imposiblemente oportuno, alguien cuyo origen o definición resulta pobre e insuficiente, como si hubiera sido sacado del mismo molde del que salió Joe Harper, pero con prisas, sin molestarse en darle color o un trasfondo coherente. Y si, puede que se convierta en un elemento clave en la historia, o puede que no, pero para mí, la sensación que arrastra desde su puesta en escena es la de ser un intruso, una pieza colocada en el tablero a mitad de la partida incumpliendo las normas, un movimiento desesperado que era necesario para poder atar cabos. Un suplente al que se le ha dicho cuál es su papel, pero no cómo representarlo.

Por otro lado, y aunque parezca mentira teniendo en cuenta cómo me he pronunciado hacia esta novela hasta ahora, VIENEN CUANDO HACE FRÍO es un libro entretenidísimo y disfrutable. Sisí vuelca todo lo aprendido con sus muertos vivientes, sus viajes espaciales por culturas extintas, sus cangrejos gigantes y sus ¿fantasmas que se debilitan si les pones a Alex Ubago? (aunque no tengo claro si ALMA es anterior o posterior a la novela que nos ocupa) y construye con ello una narración que se devora en pocas sesiones, que mantiene un ritmo constante y una acción justa y lo mas importante: hace propias las referencias e influencias de las que bebe, sin caer en el plagio, invitando a rememorar grandes momentos que nos ha dado el cine, la literatura, e incluso los videojuegos de terror pero nunca apropiándose de ellas, como si de una ruta marcada en el mapa se tratara.

Lo dicho, Si habéis disfrutado de ALMA o de las ideas que ayudan al desenlace de LA HORA DEL MAR, en VIENEN CUANDO HACE FRÍO encontrarán una nueva experiencia de lo más gratificante, un trabajo que en ningún momento sigue el camino de las anteriormente mencionadas, pero que mantiene una personalidad fuerte, que hace reconocible de manera inmediata la firma de Carlos Sisí.
Los que no... bueno, creo que aún así recomendaría echar un vistazo a esta novela. Porque a fin y al cabo no estamos hablando de una mala historia... Sisí es, como mencionaba al principio, un ejemplo de que en el mundo de la literatura muchas veces juzgamos las novelas por lo que nos gustaría que hubieran sino, no por lo que es, así que al menos dejadme con mi tonto consuelo de pensar cómo me la habría imaginado yo... quién sabe, igual para otros, igual para tí, Carlos Sisí ha acertado de pleno.

2 comentarios:

  1. Alma la dejé a la mitad y esta... uff... Me está costando avanzar.
    La Hora del Mar no la acabé tampoco. Y la quinta parte de Los Caminantes ya se me hizo pesada.
    No sé si es problema mío o es que realmente no me llena este escritor, pese a que me gusta mucho.

    ResponderEliminar
  2. Yo lo intenté con "La hora del mar" y "Panteón" y acabé concluyendo que Sisí es un escritor bastante malucho. No me gusta nada su forma de escribir y de construir y desarrollar historias. Con "La hora del mar" me lo pasé bomba hasta la mitad del libro más o menos, pero a partir de ahí fue cuesta abajo. Por lo que cuentas, este libro va un poco en la línea de los anteriores. Parece que no acaba de construir finales acertados...

    ResponderEliminar